martes, enero 15, 2008

Inmortalidad, ¿por qué?


Permitan que vuelva a pensar en voz alta sobre reflexiones de nuestro profesor Eduardo Punset. Y al hilo de esta foto, donde dos preciosos gallos de corral exponen sus cadáveres, ya con poca dignidad.
Pues eso, leía en el libro "Viaje al Amor" de Punset, que en el mundo existen organismos inmortales y que esta inmortalidad radica en la capacidad que tienen, por ejemplo, las bacterias, las estrellas de mar, otros animales invertebrados y gran cantidad de vegetales de crear copias de ellos mismos, pues son capaces de crear un nuevo ser a partir de un trozo de sus cuerpos. Lo que se llama la reproducción asexual. Por tanto, si nosotros fuésemos capaces de hacer lo mismo seriamos inmortales, seriamos un mismo individuo viviendo en distintos cuerpos.
Pero ocurre que nuestra reproducción es sexual, no podemos duplicarnos, (al menos por ahora) por lo tanto, cuando morimos, se destruye nuestra única copia.
Lo mismo que a los pollos de la fotografía. Fueron seres irrepetibles que dejaron de existir y que nunca más volverán. La combinación de sus genes ya no se volverá a dar nunca más.
Así que esta es la explicación; no somos inmortales porque nos reproducimos sexualmente.
Ya me quedé tranquilo, una justificación a mi muerte bien vale los veintitantos euros del libro de Eduardo Punset.
Somos mortales por nuestros hijos, y nuestros padres lo son o lo fueron por nosotros, para que fuéramos únicos, para que nuestros hijos sean únicos. Somos mortales para que exista el amor, para que nos podamos enamorar de otro ser; nadie se enamoraría de una copia de si mismo. Gracias a esto de ser mortales también queremos a nuestros hijos; como nos volvería loco una hijo que es tu clon en pequeñito, quita, quita.
Somos mortales por los orgasmos, para disfrutarlos, para regalarlos. Morimos también por ellos.
Somos mortales por mera supervivencia; nuestras enfermedades, nuestros parásitos, no pueden ganarnos porque cada vez que cambian, nosotros también cambiamos, y por mucho que quieran no podrán terminar con un especie de miles de millones de seres diferentes.
A los que no se enamoren, no tengan hijos, o no follen, lo único que puedo decirles es que sigan intentándolo, pues de veras, no encuentro consuelo al confiar en la inmortalidad, en el más allá. A los demás lo único que nos queda es disfrutar del más acá.

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