domingo, junio 12, 2011

Diógenes, la Guancha y la Gasparita




¿Cómo se llamaba esa enfermedad cuyo síntoma principal era el de acumular basura? Ah... Diógenes; el “Síndrome de Diógenes”. Nombre raro para un trastorno mental, y qué poco tiene que ver con Diógenes. Este señor era, nada menos, que un gran sabio griego, un filósofo que afirmaba que “El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades”. Algo así como “no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”. Así que rompo ahora mismo una lanza por este filósofo griego, y si quieren saber un poco más de él aquí dejo un enlace; Diógenes de Sinope.

Ahora llamamos Síndrome de Diógenes precisamente a lo contrario que él propugnaba; él defendía el abandono de lo material, y por eso mismo que detestaba lo material vivía como un vagabundo; cuentan que su casa era una tinaja. ¿Y tiene esto que ver con las personas que almacenan en sus casas kilos y kilos de basura? Pues no. Pero a alguien, maldita la idea, se le ocurrió un día que era más técnico llamar a esa enfermedad mental el Síndrome de Diógenes, en vez de el “síndrome del guarruno”.

Llegado aquí, decir que todos tenemos tendencia a almacenar cosas; hay trasteros que el día que exploten puede producir la tercera gran extinción de la Tierra, después de la de los dinosaurios. Pero, ¿cuál es la distinción entre objeto y basura? Sabemos que basura es un desecho que no sirve, que huele mal, que está en descomposición; no sé, que da asco. Pero si yo ahora cojo un pantalón que está en mi trastero y que no es basura, y lo saco y lo pongo en el contenedor que está frente a mi casa, ¡qué paradoja!, en diez segundos algo que no era basura se convierte en basura. Desde luego es algo de lo más extraño; si un minuto después pasa por allí un señor y le gusta mi pantalón y se lo lleva puesto, diremos que el señor ha cogido ropa, o basura, de la basura, que probablemente tenga el síndrome de Diógenes, incluso que es un puerco. Pero si lo hubiera cogido yo, el mismo pantalón, de mi trastero; es lo mismo pero no es lo mismo. Qué cosa más rara; como diría aquél: ser o no ser, basura, esa es la cuestión.

Lo cierto es que a todos nos gusta conseguir objetos sin pagar nada a cambio, y sin entrar en el hurto, porque el hurto está feo y es lesivo con el prójimo; pero encontrar algo que el otro tiró y quedártelo, sin pagar nada a cambió, eso no está mal con nadie, incluso en mi familia hay una expresión, relativamente moderna, que acuña perfectamente el verdadero significado de nuestro común y particular Síndrome de Diógenes (perdóneme Sr. Diógenes). Se llama el “reciclaje”. Por ejemplo cuando de camino a mi huerta iba yo, siendo sólo un niño, si me encontraba unos ladrillos, de esos de taco antiguos buenísimos para cualquier cosa, y tenía el medio de transportarlos a la huerta, eso no era coger basura, eso era reciclar ladrillos. Lo que ocurría era que el reciclaje podía abarcar un género amplísimo de lo más variado: reciclar hierros, reciclar maderas, reciclar muebles; ¡joder con el reciclaje!, pronto se me inculcó el refrán de “a casa, aunque sea una piedra” y no sólo en el sentido metafórico, sino en el literal; llegué a cargar ingentes cantidades de piedras en el remolque de mi mulilla mecánica. Se puede decir que ahí nació mi particular síndrome de Diógenes y que aún padezco; “pa casa aunque sea una piedra”

Luego creo que hubo otro hecho que condicionó la especial predilección que tengo por el “reciclaje”: El Berrocal. Yo, como todos los niños de mi edad, tenía terminantemente prohibido pisar el Berrocal; por peligroso, por nocivo, por los kilos y kilos de inmundicias que se acumulaban en el vertedero del pueblo. Pero el primer día que fui (o que fuimos, porque a esa edad todo se hace en pandilla), y sin el permiso de mi padre (el permiso y las ordenes las daba mi padre, mi madre la educación) al Berrocal, aquello fue apoteósico. ¿Cómo te podías imaginar que allí tirados, a un paseo de tu casa, se podrían encontrar cosas tan interesantes?: juguetes viejos, revistas de tías en cueros, muebles, ruedas, cristales que romper, ratas que matar, cocodrilos que encontrar... (por aquel entonces se fantaseaba que quizás en el charco del Berrocal viviera un cocodrilo). Así que la primera excursión que hice al Berrocal pasaría a los anales de mis recuerdos como una de las mayores aventuras de mi infancia. No recuerdo muy bien qué fue lo que "reciclé", pero sí estoy seguro que todos los niños de mi pandilla traíamos algo "reciclado" del vertedero de Gerena, así como la sensación de haber hecho algo peligroso y temerario; de ser más adultos.
Sea como fuera la basura en aquellos años era de lo más interesante; a veces también nos gustaba ir a quemar botes de flí (aerosoles), o incluso hacíamos una batida buscando estos botes, que luego nos lo llevábamos y los quemábamos en otros sitios.

Todo esto que hoy escribo viene a cuento de que hace unos días había tiradas en la basura de mi calle dos bicicletas. A una de ellas le faltaba un tornillo del pedal, y la otra, de montaña, estupenda, sólo tenía la rueda trasera pinchada y descentrada. Ahora ninguna de las dos son basura, están en mi trastero (esperemos que no explote) y, después de unos pequeños arreglos, funcionan de maravilla.

Qué suerte, dirán algunos, te has encontrado dos bicis en la basura; pues sí, pero no las he cogido de la basura, las he "reciclado". Y no es la primera vez; mi hija tiene una bicicleta preciosa también que reciclé hace cosa de un año.

Sigo haciéndome cargo de que las cosas cambian; no hace mucho una bicicleta era algo que duraba toda la vida; el que se compraba una la tenía para siempre. Y si nos remontamos a algunos años más atrás, los de mi padre, por ejemplo; entonces si que se querían de veras a las cosas. Mi padre y mis tíos tuvieron dos bicicletas, que mira si serían importantes en sus vidas que tuvieron hasta nombre: La Guancha y la Gasparita. Perfectas para acarrear ramón para las cabras.

Algo habremos perdido en el camino cuando ya no le ponemos nombres a las bicicletas. (Aunque sean recicladas).









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3 comentarios:

Anonymous Carmencita ha dicho...

pero que bueno eres!!, con lo dificil que es engancharse a la lectura y tu siempre lo consigues.
Un beso

13 de junio de 2011, 0:58  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Muy buen post Aureliano. Si que es verdad que hemos dejado muchas cosas en el camino y tu tienes la habilidad de dar siempre en el clavo pues nos lo haces ver, sino pensar y reflexionar hacia donde vamos. Sigue asi.Un abrazo.

13 de junio de 2011, 14:02  
Blogger La sonrisa de Hiperión ha dicho...

Eres tremendo, siempre un placer pasar por tu casa.

Saludos y un abrazo.

19 de junio de 2011, 10:41  

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