miércoles, octubre 29, 2008

Basado en hechos reales.


Era noche cerrada, enfilaba una larga cuesta y conducía despacio. A la derecha pude ver un edificio modernista de grandes y fantásticos arcos, ventanales imposibles, el tejado parecía derretirse, en una esquina asomaba una torre solitaria.

Terminada esta construcción, hallé un cementerio cubierto de sombras grises y azules, dónde las tumbas, desordenadas, se amontonaban unas encimas de otras. Centenares de cruces lo cubría todo. Grandes, pequeñas, medianas... en cada rincón parecían germinar como malas hierbas cubriendo la tierra.

En medio del bosque de cruces había una especie de capilla. Paré el coche, quería curiosear, así que decidí echar un vistazo.

Llevaba mi cámara colgada al cuello. Por el camino, mientras me aproximaba a la pequeña construcción, comencé a hacer fotos.

Sentía intranquilidad pues parecía que las tumbas pudieran en cualquier momento cerrarme el paso y con sus cruces envolverme en una especie de red pétrea azul y gris.
Muy despacio empuje la puerta, y su interior, pequeño, me acogió entre paredes bastas y amarillentas. Por una única ventana muy alta y diminuta, en la pared del fondo, entraba algo de luz. Bajo ésta un asiento de piedra solitario. Allí adentro no había nada más.

En ese momento apareció un individuo muy pálido, casi del color de la muerte. Tendría unos cincuenta años largos, calvos y mustios. En su rostro destacaban su gran mandíbula y sus ojeras inmensas. Vestía un especie de pijama descolorido, tal vez fuera un traje de preso al que ya se lo borraron las rayas. Tenía una rara sonrisa apestando en la boca. Estaba dentro de sus propios pensamientos. No me prestaba ninguna atención y eso me ponía nervioso
pues lo convertía en un ser imprevisible.

Se sentó frente a mi, de espaladas a la ventana que quedaba muy por encima de su cabeza.
Las paredes, la ropa, todo era cada vez más amarillento, como si se volviese del color y del material de las hojas muertas.

En ese momento percibí que el color de la luz era precioso; la piel blanca, las ojeras de aquel decrépito sujeto, un poco de claridad entrando por el ventanuco. Todo configuraba una atmósfera increíblemente extraña.

Encendí mi cámara dispuesto a obtener una fotografía del individuo. No podía dejar escapar la escena.
Al acercarmela, justo cuando mi ojo podía ver a través de la lente, el extraño hombre reventó contra la pared y su cuerpo se convirtió en una roja pasta viscosa y sanguinolenta, toda líquida, macerándose contra la pared. Fue sólo un instante, pues la adrenalina me abrasó y el miedo se apoderó de mí. Me alejé asustado la cámara de la mirada.

Pero sorpresa. Aquel hombre seguía sentado, como si nada, con la espalda apoyada contra la pared.

Sólo había sido un mal rato. Sería todo una mala jugada de mi imaginación. El corazón aun galopaba apretando mis pulmones, pero quería la foto, tenía que cazarla.
Entonces, esta vez con más miedo que curiosidad, volví a mirar por la cámara, muy despacio, apuntando al suelo, para acercarme lentamente a la figura de una forma más cobarde.

Al poco, para mi total desasosiego, contemplé, a través de la lente, las piernas de lo que parecía ser una mujer desnuda y raquítica sentada sobre un sucio bater. Mi terror se multiplica cuando veo como una torrente de sangre espesa empieza a chorrear por aquellas piernas. Cae pegajosa resbalando hasta el suelo.

Entonces asustado y consciente de mi mal sueño, decido ponerle punto y final.

Bajo de la cama, bebo en el grifo del lavabo, meo, le doy una vuelta a los niños para ver que están tapaditos y, recuperado del susto, me meto en el sobre pensando en la extraña arquitectura que publicó el otro día “A Galopar” en su blog.

Ese era el edificio del que partió mi sueño. A la derecha, cuando empezaba la cuesta.

(Basado en hechos reales)

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4 comentarios:

Blogger Pelayo ha dicho...

Las malas jugadas que nos hacemos a nosotros mismos. Es increible el nivel de acojonamiento que puede llegar a sentir uno con sus propios sueños.¿Por que será que la mente nos juega a veces esos malos momentos?
Freud decía que había llegado a descubrir el significado de los sueños, pero se volvió loco.
No me extraña.

30 de octubre de 2008, 13:36  
Blogger LEONARDO ALANIS ha dicho...

¿Has leído a Howard Phillips Lovecraft? Tu relato me lo recuerda. Y si pruebas a interpretar tu sueño, podrás remontarte a un viejo "arte" de hace más de 4000 años. Tablillas de barro del Creciente Fértil ya hablan de ello. Y es el que sueño, los sueños, nos conducen a ese origen desconocido del que provenimos, ese punto originario donde realidad y sueños se confunden. Donde los sueños no son más que una extensión de la realidad, conformando un mundo más poderoso que la propia realidad.

30 de octubre de 2008, 16:46  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Hola nobles espadachines de la palabra.

Me gusta soñar, lo paso en grande soñando, las pesadillas, poco frecuentes, también me gustan una vez que han terminado. Para mí las pesadillas son un experimento de tu propia mente, ésta te pone a prueba en situaciones para las que no tienes repuestas ni soluciones.
No he leído nada de Howard Phillips, en los últimos años he leído bastante, pero ahora con esto del blog, la lectura ha pasado a un segundo plano. Tengo que replantearme el asunto.

Este sueño de hace unos días, creo significa que cuando miras a una persona no puedes ver lo que esta puede albergar en realidad.

Lo curioso es que no se que pinta el edificio que Jordi publicó en su blog con mi subconsciente.

¿Será que el mensaje de su creador conectó conmigo?

¿Será que quién proyectó ese edificio era un verdadero artista-comunicador y creó un edificio capaz de hacer soñar a las personas?

30 de octubre de 2008, 23:16  
Blogger Rosalia ha dicho...

Que alegría más grande la que sentimos cuando al llegar a nuestro destino, pudimos verle, tocarle, besarlo una y mil veces, el nos contestaba abriendo los ojos y esbozando una pequeña sonrisa, esa pequeña sonrisa nos decía que estaba esperandonos, fuimos a darle el último empujoncito para que siguiera adelante, en esa lucha que emprendió hace ya más de un mes. Nos volvimos llenas de gozo y con la esperanza de volverlo a ver muy pronto. Existen personas buenas en la vida, trabajadoras, luchadoras..., pero este tipo de personas son difíciles de encontrar. Que orgullo más grande llevar su sangre en nuestras venas.

31 de diciembre de 2009, 0:08  

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