viernes, junio 04, 2010

Juncia Rosada (El final)

Cumplidos los cuarenta y tantos, y sin amor alguno que se le conociera, Juncia acabó siendo la eterna soltera que maduraba entre aromas de velas, hornacinas y escapularios. Su vida se consumía en el cuidado de su anciana madre y en las tediosas misas de cinco a siete o en las largas tardes de bordados y costura.

Pasó el tiempo y aquel mensaje enfermizo del amor enterrado se fue aquilatando en su manera de ser. Hubo hombres que se interesaron por Juncia pero ella no les prestaba atención. Tenía tan asumido que los suyo con el amor era un imposible que no miraba aquellos ojos que se encendían cuando ella pasaba por delante. Es cierto que no le salía novio, pero sería mejor entender que no los tenía porque Juncia no los veía, o no los quería, porque esta mujer era de aquellas que con los años ganan cuerpo y textura y, lejos de perder atractivo, cada año estaba más hermosa y lozana. Pero ella siempre decía que eran bromas de hombres y que ninguno de aquellos pretendientes llevaban intenciones honrosas.

Pero será que todas las cosas van a su sitio y que, más tarde o temprano, lo que tiene que pasar pasa, que hace muy pocos días me la encontré por la calle con una cara de contenta que no cabía en ella, y no tuve mas remedio que pararla y preguntarle.

- Oye Juncia... ¿Qué te pasa, hija, con esa cara de feliz?
- ¿A mí na? ¿Que quieres que me pase?

-Venga niña, que se te nota a leguas-. Insistí.

- Pues na chiquilla, que pasó lo que tenía que pasá-. Me contestó.
- ¿Cómo niña? Explícate que me tienes en un vilo.
- Que ma salio novio, fíjate, ¡con mis años!-. Yo no podía salir de mi asombro, pues aquello de esta mujer con los hombres lo habíamos dejado todo el pueblo por imposible.
- ¿Y cómo ha sido eso? ¿Quién es? ¿Es de aquí?-. Mis preguntas quizás no la dejaban hablar.

- No, no es de aquí, es de Olivares y viudo, pero desde que lo vi, desde el primer momento sabía que era para mí, como también creo que el lo sintió.

- ¿De Olivares? ¿Y dónde lo has conocio criatura?

- En casa de mi prima, que vinieron unos poceros. Y , que me dijo mi prima que me asomara al agujero para que viera cómo estaba de hondo el boquete y al mirá pa bajo, en lo oscuro de los más hondo, allí vi la sonrisa de ese hombre y na, que se me declaró en cuanto salió de las profundidades....
Mira no te extrañes; estas cosas a veces pasan.

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3 comentarios:

Blogger La sonrisa de Hiperión ha dicho...

Historias antiguas para una foto que tiene el paso de los años...


Saludos y un abrazo.

5 de junio de 2010, 11:15  
Blogger DANI ha dicho...

Je je, me alegro por Juncia, saber que es el amor, mejor tarde que nunca ;)

Un abrazo

5 de junio de 2010, 22:47  
Anonymous Cornelia ha dicho...

A veces, las historias de desamor y soledad acaban bien...

8 de junio de 2010, 23:27  

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