domingo, enero 25, 2009

Cinco años.


Física era el gran hueso para todos los de primero. La más temida. Y el culpable, un anciano profesor desencantado con su profesión. Sin la más mínima vocación por enseñar. Llegaba a clase a echar un discurso sobre una vida que le cansaba. Aficionado a largos monólogos de sociedad, y no de física, con los que alimentaba su ego de viejos tiempos y batallitas. Todo tiempo pasado fue mejor.

Nos trataba con desprecio. Se sentía como un gran maestro rodeado de monos. Y qué lástima de monos. Asistíamos a las primeras clases llenos de voluntad. Intentábamos atender, aprender, poníamos interés en asimilar los temas, pero pronto comprendíamos que de nada valía. Las primeras clases servían para forzarnos a comprar unos apuntes que él editaba en la copistería de algún amigo y luego...

Ahora mismo no recuerdo cómo se llamaba, pero de veras que no me gustaría hacer un pequeño esfuerzo y acordarme... ¡Vaya, me acordé!

Qué poca vergüenza, jactarse en su primera clase diciendo que el primer día de curso en su aula nunca cabe un alfiler, a tope unos 300 alumnos, y luego, sonriendo, con su particular monólogo del "Club de la Comedía" nos decía: - El mes próximo no vendréis ni la cuarta parte, y al siguiente no seréis más de una docena -. Año tras año siempre era así. Nadie se enteraba de nada, además de nada servía preguntar, pues nunca nadie comprendía sus explicaciones, si consultabas en público alguna duda lo normal era que sirviera para que te dejara en ridículo.

Cuando todos íbamos comprendiendo que ir a clase de este sujeto era poco más que reírle las gracias, y después de un par de ocasiones que te decidías a asistir y veías que se pasaba hablando de temas banales cuarenta y cinco minutos y luego, en quince, dejaba por dada la lección, sin más fórmula pedagógica que la lectura rápida de sus propios apuntes, entonces nos contagiábamos todos de la angustia colectiva de la insalvable Física de primero. Aun, a veces, mal sueño que la tengo pendiente.

Dos tardes a la semana un compañero de este impresentable rondando como él la jubilación, nos impartía "Ampliación de Física". Se suponía que esta asignatura era el cálculo, la aplicación de toda la teoría de la asignatura principal. De este sujeto estoy seguro no recordar su nombre, pero sí su cara; un tipo encorvado, envejecido, su vocecita baja, tímida y pastosa, y, como el primero, una ausencia total de ética profesional. Pedirle una aclaración a este anciano era levantar de un antiguo gramófono la aguja para ponerla en la pista ya terminada. Y si, por amor propio, le volvías a decir que seguías sin enterarte, simulaba no escucharte y pasaba al ejercicio siguiente.

Los alumnos recién llegados, éramos sistemáticamente amargados, hastiados, robados de toda ilusión. Para estos dos sujetos significaba sólo una forma de filtrar, de tamizar. Todos no podíamos pasar al curso siguiente, todos no podíamos seguir en esa carrera, y conmigo casi lo consiguen.

Me pregunto por qué ninguno de nosotros levantó nunca la mano y les aconsejó que se dedicaran a otra cosa, que no tenían ninguna vocación de enseñar, que ni el de la teoría, ni el de los cálculos, como si esa separación en Física fuera posible, podían llamarse profesores. Ni profesores ni maestros, sólo eran dos personas con deseo de cotizar tres años más para que la futura paga les llegara al ansiado 100%.

Cinco años con aquel lastre y pensando; - ¿De qué me vale estudiar si nunca aprobaré Física? ¿Cómo puedo alegrarme al aprobar hoy un examen si sigo sin estudiar, sin abrir los apuntes, sin asistir a clases de Física? Cinco años con este pensamiento en el cuerpo. Cada vez que de mañana ponía mi pie en el planeta, o cada noche que, en la soledad de mi cuarto, intentaba conciliar el sueño. Cinco años aprobando asignaturas, luchado por sacar adelante mis estudios y sin abrir los apuntes editados por el mal llamado profesor de Física. Sin asistir a una clase. Sin hacer un problema.

Y una tarde me leí por encima varios temas de los dichosos apuntes y me presenté al examen. Por suerte lo que preguntaba me sonaba de otras asignaturas. Cuanto de verdad tenía un magnífico profesor de matemáticas que tuve en bachiller; - Todas las asignaturas se parecen. Todas se entrelazan y las matemáticas están en todas las demás -. El comportamiento de los gases cuando su temperatura aumenta. Contesté lo que me pareció, intente imaginar que sabía lo que escribía, me puse a rellenar folios sin más motivo que la ligera esperanza que aquello me sonaba.

Hice el examen general de la asignatura de Física de primero cinco años más tarde y sin haber estudiado, sin haber ido a clase, sin haber hecho ejercicios, sin saber de Física, sin que nadie me enseñara.

Unos días después cuando un compañero me llamó a casa para decirme que tenía un 5 salté, grité, gocé, estallé en risas, no me lo podía creer. Por fin después de cinco largos años había aprobado la más difícil de todas las asignaturas, la más imposible y la que nunca estudié.

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2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Como siempre me sacas una sonrisa al leerte. Si señor¡ Como te imaginas, todo eso lo pase tambien y me ocurrio mas o menos lo mismo: Fisica y Ampliacion de Fisica fueron las ultimas asignaturas que aprobe de la carrera. Ese dia pense mas en la alegria de que nunca mas volveria a ver a esos profesores, que en haber terminado la carrera. Gracias por devolverme esos recuerdos. Sigue asi.

26 de enero de 2009, 9:25  
Blogger LEONARDO ALANIS ha dicho...

La escuela también es a veces un verdadero museo o mausoleo con ejemplares fácilmente clasificables...porque en ella cabe(dicho con todo respeto)la más varipinta fauna humana. A la par, es también un lugar de encuentro de las más infinitas paradojas: se enseña oralmente y se examina por escrito; se persigue como ideal el silencio y el recogimiento del estudio y es, casi siempre, el paradigma de las voces y el ruido; se predica el trabajo en equipo y no se practica frecuentemente o casi nunca... En fin: la ESCUELA...el MUNDO...la VIDA ¿En qué perdido lugar de la memoria de alguno de mis antiguos alumnos apareceré como una cruel pesadilla de sus años tiernos?

26 de enero de 2009, 22:28  

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