jueves, noviembre 05, 2009

Se vende

El señor director, alterado y colorado por la exaltación, se levantó de su asiento -A pesar del sofoco, era poco probable que don Luis muriera por algo relacionado con su corazón; un músculo, en su juicio, poco importante; un trozo de carne sencilla- y reanudó su discurso:

-La gente necesita cosas, siempre querrán algo. Los listos somos los primeros en darnos cuenta, mucho antes que ellos mismos lo sepan. Ahí está el secreto del éxito de mi compañía. Recordad cuando lo del coltan; ellos querían aparatos electrónicos pequeños: Nosotros fuimos los primeros en llegar al Congo. Ahora bien, el gran éxito, lo que vengo buscando desde que fundé esta empresa, es volver a repetir el secreto del oro.

Los oyentes mostraban caras de desconcierto y don Luis prosiguió:

-¡Joder! Eso se estudia en primero. El secreto del oro, la razón de su valor; que es inalterable y escaso-. Don Luis escudriñaba los rostros de sus consejeros; todos mostraban máxima atención; sabían que en cualquier momento podrían ser interrogados, como en un peligroso examen oral. -Imperecedero, inalterable, duradero, y sobre todo escaso, muy escaso; Ya lo decía mi difunto padre: “¡Si las vacas cagaran oro, el oro no valdría una mierda!”

El director general se acercó a la gran ventana que tenía a su espalda, la abrió, y sin prestar atención al frío cielo de la ciudad nocturna prosiguió: -Busquen señores ahí fuera. ¡Piensen, maldita sea!; para ello les pago. Debe haber más cosas imperecederas ahí fuera esperando a ser descubiertas-. Don Luis, mientras miraba a Inaza, levantaba la mano derecha y apuntaba con su índice al exterior.

- No dudaré en hacer rico a aquél de ustedes que lo descubra; un nuevo oro; algo escaso, inalcanzable, y que dure, que perdure para siempre. Algo por lo que los hombres y las mujeres sean capaces de todo.

-Señor -dijo Inaza-, sé cual puede ser esa materia-. Don Luis incrédulo le espetó:-¿Cómo dice usted?-. Inaza prosiguió- Se me ocurre algo más valioso que el oro, que los diamantes, que el platino, una moneda que pueda comprar países-. La sala entera permanecía expectante. -A ver Inaza -le cortó don Luis-, me sorprende usted, parece como si acabase de descubrir la panacea.

-Efectivamente, señor Cano, la panacea, y si usted logra traerla de donde está no me cabe la menor duda que me hará rico, muy rico, y su empresa será la cima del planeta, y usted el hombre más poderoso del mundo-. A don Luis le sonaba aquello a música celeste. Sus ojos nerviosos brillaban y su lengua se le anegaba en saliva.

- Diga Inaza, ¿Qué barbaridad se le acaba de ocurrir? ¡Hable de una puñetera vez!

- Señor, acaba usted de señalarla con su dedo, una materia extremadamente escasa e imperecedera. Vuélvase y la verá-. Don Luis giró y se encontró, en la ventana dibujada, una preciosa Luna llena; luminiscente, con su extraña piel de cráteres de nácar. La miró en silencio empezando a comprender la idea de su consejero. Entonces Inaza prosiguió:

-¿Cuantos gramos de Luna tenemos en la Tierra? Ya podemos ir riéndonos del oro, que está por todas partes; las mujeres apestan a oro; con sus collares, sus pendientes...
y los hombres con las cadenas, con los vulgares rolex. Todos están apestados de oro. ¿Y de Luna? ¿Qué serían capaces de dar las grandes fortunas del planeta por un trocito de Luna?...

Todos los presentes se habían puesto de pié, y miraban codiciosos la Luna llena, con los mismos ojos traidores que sueltan los violadores momentos antes de manosear a sus víctimas.Don Luis, mientras se tocaba el rolex de su muñeca, empezó a hablar en un tono mucho más bajo:

- Si fuésemos capaces de mandar unos cohetes y éstos volviesen cargados. ¿A cuánto se podría vender el gramo?

Ya imagino a esos capullos horteras regalando pulseras, collares y anillos hechos de Luna.

¿Continuará?




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4 comentarios:

Blogger Jaht ha dicho...

Desgraciadamente continuará. Los codiciosos seguirán estando ahí mientras existan compradores, dispuestos a hacer cachitos a su propia madre y a venderla en cápsulas para aliviar los ardores de estómago.
Obviamente, estos impresentables tendrían los días contados en una sociedad de mínima inteligencia y que tuviera como objetivo la felicidad simple: respirar bien, sentarse en la hierba, subir al monte, hablar con la gente, mirar al cielo...., hacer ese millar de cosas que da satisfacción y no cuesta dinero.

Todo lo que se vende es algo que alguien quiere quitarselo de en medio.

5 de noviembre de 2009, 17:23  
Blogger A Galopar ha dicho...

¿Recuerdas aquello de que si la mierda tuviera valor los pobres no tendríamos culo?
En cuanto a la Luna, ya planteé en un post antiguo la incongruencia que suponía que alguien se apropiara de la Luna para venderla, así que .... no des ideas, Aureliano, no des ideas.

5 de noviembre de 2009, 20:52  
Blogger DANI ha dicho...

La luna en venta??? se acabarian los sueños, madre mia espero que se estrellen esos cohetes ;))

5 de noviembre de 2009, 22:47  
Blogger La sonrisa de Hiperión ha dicho...

Oye, el perro de la foto, seguro que no era de porcelana, eh? jajaja

Saludos y un abrazo.

7 de noviembre de 2009, 10:35  

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