domingo, noviembre 21, 2010

Panete y Juaneque


.../...

-¡Pero hombre Panete!, lo que no puede ser no es y además es imposible; el pueblo no se puede quedar aislado del mundo, no podéis hacer de él un gueto aparte de la humanidad. Las ciudades crecen y vosotros no podéis frenar el avance del desarrollo.

-Vamos a ver Juaneque, me conoces desde hace... ¿Cuánto hace?, ¿cuarenta?, ¿cincuenta?; bueno desde toda la vida, y sabes que no me gusta irme por las ramas: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Yo no estoy en contra del desarrollo, lo que no me parece normal es ponerle el culo a todos los que quieran ganarse los cuartos con los trajimanejes del pelotazo. Que el cuento ese está muy visto Juaneque, que hoy esta tierra vale dos gordas, y mañana los mismos terrones valen un capital.

-Pero Panete, que no digo yo que lo que no es no sea. Lo que digo es que este pueblo es una perita en dulce, y que cuando una ciudad grande necesita suelo va y lo toma. Que esto es lo de todos los sitios, ¿o te crees tú que si en Camas los cameros hubieran dicho que no, el pueblo tendría hoy en día las mismas cuatro calles? A ver Panete ¿tú crees que si a Sevilla le hace falta casas, un pueblo se puede negar a que la capital crezca?

-Vamos a ver Juaneque, ¿entonces qué me estás diciendo que mi pueblo no es mío? ¿Que yo no pinto nada? ¿Que si a mí me gusta como es: tranquilo, pequeño..., -¡qué siga siendo pueblo!- entonces que me “joa”?

-A ver Panete, yo no digo que sea justo, digo que es así, el mundo siempre ha sido así. Las grandes ciudades van creciendo y a los pueblos del extrarradio se los va comiendo. Esa es la realidad, aceptarlo es de realista.

-Pero Juaneque, este pueblo no está tan cerca, lo mismo dentro de cincuenta años es inevitable, ¿pero ahora?, ¡hay aún mucha tierra de por medio!

-Sí Panete, pero la autovía está a un paso, y a la gente no le importa llevarse todos los días una hora en el coche; eso es el progreso, no le des más vueltas. Acéptalo como inevitable.

-Entonces... Juaneque, ¿debo resignarme?... ¡Mira, pues no! Estoy en contra de que en unos años esto se convierta en un montón de casas, en un montón de gente, que no serán ni de aquí ni de allá. Pues a esa gente lo mismo le dará comprarse las casas en este pueblo que en el de al lado. Ellos vendrán buscando el mejor precio. No puedo Juaneque darte la razón. Así se pierde el pueblo. ¿Dónde quedarán luego esas cosas nuestras de los catetos de aquí?

-En el recuerdo, amigo Panete, en el recuerdo... No te digo yo que me des la razón. Te estoy explicando la lógica del asunto. Y es verdad que esto afectará al pueblo. Esto al gerenero de a pié no le traerá beneficio. El crecimiento no tiene por qué ser bueno, puede traer más contaminación, más inseguridad, más coches; otra forma de vida. Yo lo que te digo es que es algo inevitable.

-Amigo Juaneque ¿sabes una cosa? Por lo menos tú eres sincero. Me dices que pasará lo que tiene que pasar, pero no me dices que un gran crecimiento del pueblo será bueno para mí ni para los vecinos. ¿Sabes Juaneque? Por eso me gusta charlar contigo, porque veo que dices la verdad. Lo que me enerva es el mensaje de aquellos que dicen que será bueno, y te lo tienes que creer porque sí.

-Mira amigo Panete, el que diga que el crecimiento brutal de un pueblo es bueno para el pueblo ese simplemente es un necio. -¿Alguna vez fue bueno para tantos pueblos que ya crecieron?- Ahora bien, también los hay de otra clase, y esos son los más abundantes; los que hablan en nombre de sus cuentas corrientes.
¿Si tus olivos, amigo Panete, mañana pasaran a ser terreno urbano estarías también en contra del nuevo PGOU?

Etiquetas:

1 comentarios:

Blogger kinisantos ha dicho...

Una vez más genial Aureliano. Que buenas cosas se te ocurren...

Un abrazo, Panete!!

22 de noviembre de 2010, 14:49  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal