miércoles, octubre 01, 2008

¿Adónde?



Nadie sabe adónde vamos.
Ni qué queremos ni lo que amamos.

Somos la rueda, el diente, la manecilla.
Engranajes de un reloj, el martillo que amartilla.

Somos tornillos, tuercas, la prensil manivela.
Hijos del tiempo, la escoria cuando arde la vela.

Tu no eres nada. Yo ni un poco.
¡Ni mis padres! ¡Mi mujer no es nada!
Y mis hijos... ¡Ellos tampoco!

Y el dinero: nada.
Y la hipoteca: nada.
¿Y el maldito coche con su puñetera letra?
¿Y la hija puta de la Teletienda con su colchoneta en la que nunca duerme nadie?
Estrenémosla, venga ya, antes que el tiempo se acabe.

Como chavales sin nido.
Como fogosos amantes.
En un revolcón de plástico.
Si revienta, ya pondremos un parche.

Nada vale lo que cuesta,
todo se mide y es pesable.
¿Cuentos corazones?, ¡He señora!
Más barato que nadie.

Y fuera solo hay vacío.
Hasta que este reloj se pudra.
Cortantes y ásperos somos de frío.
Helada y seca nuestra envoltura.

Rompámosla, ya es hora, de cagarnos en las apariencias.
Ya es tiempo de aprender a querernos.
De tocarnos, de manosearnos como bestias.

Y con la fuerza de una roca márcame con tu boca.
Para mandar a la mierda.
Esa moda absurda de las marcas en la ropa.

Ya no sé lo que digo, quizás tu me comprendas,
y sepas explicarme adónde vamos,
que no lo sé, ni se me enseña.

O tal vez no te importe. Eso sería un consuelo.
Si te importa o no te importa.
Pon el colchón en el suelo.

¡Ay! Qué poco tiempo para besarte tanto.
¡Ay! Qué pocas horas para llenar de arena tu relojito.
Dame el color de tus pestañas. La luz de tus ojitos.



Etiquetas:

2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Sé que no te va a gustar la comparación, quizás por una inmensa envidia, pero el final de tu poema me recuerda a las canciones de García Lorca, precioso, lleno de frescura y ternura.

2 de octubre de 2008, 11:29  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

!Que va!. Me ha encantado la comparación.

5 de octubre de 2008, 0:18  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal