jueves, abril 23, 2009

Una historia...¿Imposible?


No éramos más que unos chiquillos que, nerviosos, nos arremolinábamos cuando algún forastero nos preguntaba como se llegaba a la iglesia o el mejor camino para dar con la carretera de Sevilla.

Vendríamos de hacer uno de esos trabajos que nos encargaba nuestro maestro; Manualidades en cartulinas blancas o amarillas, donde pegábamos recortes de revistas y viejas enciclopedias pasadas de Historia. Murales resúmenes del ciclo del agua o de los animales domésticos; Por ejemplo el gato. Lugares donde una niña guapa, con letras redondas, contaba como el mar se hacía lluvia o cuanto tardaba una gata en parir su prole.

Iríamos con la cartulina bajó el brazo cuando, en la plaza del mercado nuevo, junto a uno de sus bancos de forja, descansaban las sucias mochilas de dos jóvenes con pinta de bohemios aventureros. Estaban esperando el autobús. Uno de los hombres tenía la barba dorada y los ojos claros. El otro una media melena olvidada de peines y de aromas de “La Toja”.

Yo estaba sobre aviso; mi padre, el día anterior, me dijo en casa, mientras comía, que un par de arqueólogos habían estado en la Bomba preguntando por posibles localizaciones de restos o vestigios antiguos. Además, él mismo los había acompañado a no sé qué lugar del pueblo donde se puede ver lo que fue la misma orilla del Lago Ligustinus, así como unos hornos antiquísimos.


Todo eso rondaba mi cabeza, mientras me acercaba. Entonces Gerena estaba mucho más alejada del resto del mundo y la curiosidad por los forasteros era del todo irresistible. Al ver a los dos aventureros con sus botas embarradas, su pertrecho equipaje y sus miradas desconocidas y misteriosas me dije; estos son los tipos de los que me habló mi padre. Les tengo que preguntar.

Me acerque con la pandilla y los saludamos. Les dije que si hacía unos días habían estado preguntando por asuntos de arqueología y me dijeron que sí, que ellos mismos eran arqueólogos.
Entonces, como no puede ser de otra forma, quise saber si habían dado con alguna cosa interesante.

-¿Alguna cosa interesante?-. Me respondió uno de ellos. -¿Nos dices que si hemos dado con alguna cosa?... Pues sí. La hemos encontrado. ¡Por fin!-. El otro individuo continuó. - Casi nos pegan. Nos han amenazado, acosado, echado a patadas... pero nos vamos contentos, porque la búsqueda ha terminado. Lo que tenéis aquí es una verdadera maravilla -. Por ahí siguieron los derroteros de la conversación, pero tengan en cuenta ustedes que esto que les digo pasó hace más de 20 años. Imposible recordar las palabras exactas.

Uno de ellos continuó: - Siempre se habló de una ciudad entre dos ríos, eso pone en los textos, pero claro los ríos han cambiado tanto... Han pasado miles de años... y lo que ahora es tierra antes era el fondo del mar... y una montaña podía ser entonces una isla, y una pared rocosa un acantilado marino, o un puerto-.

- Uno de esos ríos era el Guadalquivir, y ahora sabemos con certeza que el otro es el Guadiamar. Hemos buscado por todas partes, en cientos de lugares; En Huelva, en Cádiz... Por el río Piedras, por el Odiel... Por último hemos seguido la pista del Guadiamar, y la hemos encontrado, esta aquí, no tenemos duda. Hemos encontrado la capital de Tartessos... La ciudad del rey Gerión. Y hay gentes que no les interesa que esto se sepa. No saben el valor que tiene este descubrimiento. Prefieren sembrar encima a sacar un tesoro. Piensan que si esto se descubre le quitarán la tierra. ¡Qué ignorancia!-.

Lástima no poder recordar mucho más. Aunque sí recuerdo una última cuestión. La pregunta que les hice y que quedó más nítidamente gravada en mi memoria; -¿Entonces... lo que habéis encontrado que es, unas viejas ruinas como las de Itálica?-. Entonces uno de ellos me contestó medio indignado; -¿Una Itálica?... ¡Algo mucho más gordo! Cuando esto se sepa, vendrán gentes de todas partes, de todo el mundo -.

Luego llegaría puntualmente un Díaz Quirós, sacarían sus billetes y se marcharían a Sevilla, dónde se diluyeron entre miles de desconocidos, como engullidos en una tierra movediza de manos, pelos y cabezas.

Nosotros, cada uno a nuestra casa con la mente llena, rebosante; de tesoros, aventuras, descubrimientos... Y me sentía importante; Me habían revelado las mayor noticia de la Historia de mi Pueblo. A mí, a nosotros, tres niñas y dos niños de sexto de EGB. No tardará, pensaba, que estalle todo esto, que Gerena se llene de investigadores, de periodistas, de forasteros ansiosos por ver la ciudad perdida. Pero la noticia nunca volvió.

Por entonces Tartessos me sonaba sólo a eso, a una ciudad perdida. Luego, años más tarde, me enteré que se trató de la civilización más antigua de nuestra historia; Los primeros moradores que con cierta organización social se dedicaban a la pesca, la agricultura, la ganadería, la minería y el comercio; vendían incluso metales preciosos a otras culturas del Mediterráneo. Sería por eso que Tartessos pasara a la historia como una ciudad que brillaba igual que el oro.

Desde aquello muchos nombres me evocaron a Tartessos; La Vereda de los Camellos, el camino de los Arrieros, el Cerro las Islas, y otros tantos parajes de nuestro entorno, que ahora no recuerdo, y que parecen haber viajado desde aquella remota época hasta nuestros días.

Pero pasaron las semanas, luego los meses, ya media vida, y nunca volvieron. No supe más de los extraños forasteros que con tanta emoción me anunciaron el mayor de los descubrimientos. Se los tragó la tierra.

¿Estaban equivocados, o nos engañaron como a niños? Pero si era mentira... ¿Por qué estaban tan emocionados? ¿Acaso no tenían ni idea de arqueología y todo era producto de sus espejismos alucinógenos? ¿Y por qué bromearon de Tartessos con unos mequetrefes como nosotros? Si nos estaban mintiendo, ¿para qué? Podían habernos dicho que habían encontrado la mismísima tumba de Salomón y nos lo hubiéramos creído igual. ¿Qué ganaban mintiendo a unos niños desconocidos y por qué se molestaron en darnos explicaciones?

Hoy, después de tantos años, es más fácil creer cualquier otra cosa que la más grande. Que hubieran, de veras, encontrado la ciudad de Tartessos no deja de ser del todo increíble, pero... ¿Imposible?

¿Existió acaso esa ciudad? ¿Encontraron otra cosa de menor importancia?, ¿Puede interesar al dueño de una propiedad ocultar un importante hallazgo, algo que además sería una indudable fuente de riqueza?

Créanme amigos lectores que desde hace meses pensaba contar una historia que he arrastrado desde niño. Me hizo falta un empujón leído en un Blog amigo. Porque esto que os cuento de veras ocurrió, palabra de Aureliano. Cada uno es libre de creer lo que quiera; que todo fue una mentira, que se quedaron conmigo, o que Tartessos, la gran Tartessos, está muy cerca, aquí mismo, bajo nuestros pies.


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3 comentarios:

Blogger J. M. M. Limia ha dicho...

Imposibles en este mundo hay muy pocos amigo Aureliano. La piedra fósil del muro, Gerión = Gerena, "La Vereda de los Camellos", "El Cerro Las Islas", la calzada romana, una basílica paleocristiana, restos de muarallas, cistas con más de tres mil años, ..., todos los alrededores de Gerena huelen a arqueología, a una prolongada y fructífera sucesión de asentamientos. Cualquier especialista reconocerá en esto un aval importante para nuevos hallazgos o para confirmar nuevas posibilidades.

Tartessos, como todos los grandes nombres que no acaban sustanciándose (por el momento) es, en gran parte, un mito. Seguro que existió una ciudad importante desde la que se gobernó todo aquello que ahora llamamos Tartessos, pero igual de interesantes son las ciudades, más pequeñas quizás, que constituyeron la red urbana de aquella civilización.

Tengo información para escribir al respecto, aunque no sé si tendré tiempo para hacerlo. A mí me parece absolutamente creíble que la situación de Gerena (ojo que cuando digo Gerena no digo necesariamente el casco urbano) es la ideal para ubicar un yacimiento de aquellos tiempos. Y si esto fuese así y se encontrase, quizás estaríamos hablando de palabras mayores, tan mayores que la mayoría de la gente de este pueblo ni sería capaz de creerlo.

24 de abril de 2009, 11:32  
Blogger LEONARDO ALANIS ha dicho...

Hay muchos que os (nos) llamarán ingenuos y esbozarán una sonrisa perdonándoos la vida, pero, no os quepa dudas, no fue otro el afán que llevó a Schliemann a descubrir Troya o a Howar Carter a descubrir la tumba de Tutankamón: el espíritu de búsqueda de lo que fuimos, de lo que somos. Eso no puede negárnoslo nadie. Que se rían, que se rían, que quien ríe mejor es el que ríe último. Creo presentir que un día de estos la historia nos regalará esa alegría de los últimos y hallazgos únicos, sorprendentes, reveladores, concluyentes. Y, entonces, alguien deberá recordar la sana insensatez de quienes soñaron, desde la niñez, con quienes poblaron la infancia del mundo.

25 de abril de 2009, 11:18  
Anonymous Harry Villegas Pombo ha dicho...

Si algo es cierto, es que Tartessos exisitió. Y lo demuestran las fuentes.
Algunos relacionan a Tartessos con Tarsis, pueblo mencionado en la Biblia (El libro de los Reyes, Ezequiel 27-12, Salmo 72:20, Jeremías 10:9) pero la mayoría de los historiadores no relacionan a este pueblo bíblico con el reino de Tartessos.
Las fuentes hitóricas más fidelignas provienden de la antigua Grecia (Heredoto) y Roma ( Rufus Festus Avienu) quien cita:
“...Tartessos está en una isla del golfo de su nombre, en el cual desemboca el río Tartessos, que baña sus murallas después de pasar por el lago Lagustino..
El río forma en su desembocadura varias bocas, de las cuales tres corren al oriente y cuatro al mediodía, las cuales bañan la ciudad. Arrastran en sus aguas partículas de pesado estaño, y lleva rico metal a la ciudad de Taressos. Cerca se hallan el “monte de los Tartesios”, lleno de bosques, y el “monte argentario”, sito sobre la laguna Ligustina, en cuyas laderas brilla el estaño. La ciudad de Tartessos está unida por un camino de cuatro días en la región del Tajo, o el Sado, y por otro de cinco con Mainake, donde los ricos tartesios poseían una isla consagrada por sus habitantes a Noctiluca. El límite oriental del dominio de los tartesios estuvo en tiempos en la región de Murcia, y el occidental en la zona de Huelva"

Los historiadores no dudan que el rio Tartessos es el rio Guadalquivir, pero ¿Es el Golfo de Tartesos el Golfo de Cadiz? o ¿son las marismas del Gualdquivir ahora colmatadas este Golfo? Es el lago Lagustiniano las marismas, o es la antigua deprsión del rio ahora ocupada por la vega este antiguo lago?.... Por ahora todo un misterio, que deseo que el hormigón no lo haya ocultado para siempre.

26 de abril de 2009, 9:28  

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