lunes, marzo 23, 2009

Diez minutos pasan volando.


Hoy me dijo el doctor que quiere probar conmigo un medicamento nuevo. Dice que podré ver, pero sólo unos minutos.

Nunca en mi vida vi nada, por eso nunca eché de menos la luz de las cosas. Tengo una realidad imaginada labrada por el tacto y los sueños. Sé como es una mujer porque la toco, y sé como es la cara de un niño y la piel de un anciano. Sé como es de fría la muerte, y como el fuego rompe la carne sin tocarla. Pero no los he visto nunca. En mi vida.

También sé de olores; Distingo el olor del trigo espigado, de la paja que se seca, de la tierra recién arada y de los charcos. Sé como huele el pelo de los gatos y distingo las especies de los árboles con sólo oler hacía arriba.

El doctor dice que me lo piense con calma, tengo hasta mañana para decidirme; – Tendrás no más de 10 minutos. - Me dijo - Podrás ver como cualquiera. El volumen se te hará imagen. El mundo a tu alcance. Pero luego, otra vez la oscuridad.

Estoy nervioso pues no sé si me gustará, no sé si debería negarme. ¿Y si el mundo me parece triste y no pudiera nunca más imaginarlo tal cual es?

Debería decidirme ya. Podría ver mis comidas preferidas, frutas diversas, el color del pan, como es un huevo por dentro. Podría ver el cuerpo de una mujer desnuda, las caras de todos mis familiares y amigos. Podría ver como es el suelo, o como flotan los puentes. Podría ver las calles con los coches, con las personas que producen todas las voces. Y los perros paseando las correas de sus dueños.

También veré a mi madre, y la miraré a los ojos. Podré mirar todos los ojos que se me niegan al tacto. Y si dicen que la mirada es el espejo del alma, quizás pueda ver el alma de mi hija, o incluso el color de su risa.
Debería elegir cosas que no puedo tocar, será de esta forma la ocasión mejor aprovechada; Unas montañas nevadas, un arroyuelo, la unión del mar con el cielo, las nubes, las aves, los aviones, la campana de la iglesia, la luna, las estrellas, mi pueblo amanecido.

Diez minutos pasan volando. Si estuvieras en mi pellejo, ¿Qué elegirías tu?

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4 comentarios:

Blogger Pelayo ha dicho...

Esto es lo que me gusta de tu blog, que cada vez que te leo consigo ver cosas nuevas. No malgastes el tiempo en discusiones sin sentido. Tú, amigo, tienes estilo.

23 de marzo de 2009, 11:57  
Blogger LEONARDO ALANIS ha dicho...

Llegué ayer de La Mancha. Es la tierra de mis antepasados. Ha sido un verdadero viaje hacia la nostalgia de mis orígenes. Ya os contaré. He echado un nuevo vistazo a los blogs de mis amigos. Mi hija pequeña se encuentra postrada por una gastroenteritis que le ha borrado la sonrisa y su vivo jugueteo. Su madre, a su lado, vela cada segundo de fiebre y le sirve agua o líquidos constantemente. Mi hija mayor, con lo mismo, me mira como esperando encontrar en mi mirada remedio para sus males. La que queda, la mediana, está nerviosa porque habrá de examinarse de manera inminente para obtener el carnet de conducir, verdadero rito iniciático de estos jóvenes de hoy. La gata "Regaliz" ha venido a mis pies a pedirme que le llene de pienso su cuenco vacío. Tras los cristales, en el patio, Tula y Lola miran curiosas la escena. Yo, aquí, después de leer palabras hirientes hacia tí y hacia otros, incluso, bien pensado, para mi, escribo. Lo hago para enviarte un abrazo, porque pienso que las cosas pequeñas y verdaderamente importantes nos acompañan a nuestro alrededor. Una intensa calma interior me inunda. Es mi único escudo posible ante tanto despropósito y provocación malintencionada. En unos segundos estaré al lado de mi pequeña para espantarle cualquier pesadilla que quiera prohibirle los sueños. Es lo más importante de cuanto acontece en estos momentos en mi vida. No te inquietes, amigo. Un fuerte abrazo. PD: Ah, envíame la dirección de tu galeno, tal vez también yo necesite ver más allá de la sencillez que ocupa mis días.

23 de marzo de 2009, 22:31  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Qué bueno Leo. Precioso el regalo que me haces con las letras de tu vida.

El Galeno puede tener varios nombres, unas veces se llama Pelayo, otras veces Tartésico, puede llamarse también Jordi o Charly, Alvaro o Joaquín, Pericles, Mónica, Jimi, Dani, Erna y ahí muchos más, se me habrá olvidado alguno, seguro; Los hay anónimos, con nombres cristianos o con nombres científicos, hay tantos, y tantos por descubrir, yo ando siempre buscándolos.

Te hacen regalos de palabras, como tu. Te brindan opiniones, te dan fotos espectaculares, poemas como flores, verdades como puños, te informan, te secuestran el tiempo, denuncian injusticias, curan soledades, te hacen ver la vida desde el lado más canalla, e incluso nos pueden llevar a plantar la vida.

A mi me funcionan, me quitan esta telaraña pastosa que quiere envolverlo todo. Y veo y respiro, y sé de sabores, de matices, y conozco la luz con ellos.

También para casos extremos de cegueras te recomiendo un galeno de la vieja escuela de Felíz Gallegos, es un chaman peligroso por sincero, llamado Limia, seguro lo conoces.

23 de marzo de 2009, 23:31  
Blogger J. M. M. Limia ha dicho...

Simplemente porque quería ver mi nombre debajo, junto, al de vosotros tres. Por eso escribo estas pequeñas letras.

Hay tantas veces en la vida que tu nombre está donde no debe que a esta hora, en la que ya no esperaba más que morir durante un lapso, me he encontrado con este pequeño y tranquilo rincón. Y me ha apetecido descansar y llorar levemente junto a vosotros.

No ha sido un buen día el de hoy. Pero sentirme ahora como si nos hubiésemos quedado rezagados en un viejo café oriental adonde los cuatro hemos llegado por distintos caminos me reconforta.

Aquí, junto a una pipa de agua y té turco (o quizás whisky si Pelayo quiere) podremos conversar de estilo, de La Mancha, de galenos, ... sin levantar la voz, proponiéndonos hablar sólo la mitad del tiempo que escuchemos, sin convertir las palabras en armas. Todo el tiempo que disfrutemos. Para que lleguemos a la conclusión de que estamos completamente en desacuerdo y, eso, nos permita despedirnos hasta mañana.

Perdón. Sólo quería que mi nombre estuviese aquí, bajo el vuestro, para amansar las furias de este día.

Saludos amigos.

24 de marzo de 2009, 1:30  

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