domingo, marzo 02, 2008

Dos trapos, tres muebles, una lámpara ciega.


Por no tener no tenía ni nombre cristiano que yo recuerde.
Era pobre en el sentido más económico de la palabra.
Arrastraba una vida arrugada, toda ella, con su piel oscura sobre huesos chicos. Era una uva pasa de miseria y pan duro.

Su casucha no levantaba más que su sombra. Allí, tras las granjas de la Piedra Caballera, bordeada de viejos tajos olvidados, arropada por grandes y verdes pencas espinadas.
Si la veías salir por la puerta, parecía la choza su madre, ella, como recién nacida, pues las dos eran simplemente pobres, hechas la una de la otra.
La puerta; sin llave. Dentro; dos trapos, tres muebles, una lámpara ciega, una triste ventana marchita de luz. Colgando de las paredes, los plásticos, las latas, un poco de romero, tomillo, laurel, todo envuelto entre sombras de miseria y soledad.

Andaba por las calles como perrilla abandonada, un pañuelo en la cabeza, una cesta en el brazo, ropas siempre de lástima.
Pisaba los adoquines como el humo. En las esquinas sus pasos de alpargatas rotas. Paloma perdida sin rama. Una media sonrisa en su boca. Sus ojos con chispas de esperanzas, ojos a veces de cuerda, otras de loca.

Alguna vez la vi cerca del Puente Sin Barandas, o por las Casas Baratas, pidiendo limosna, con prisa, vagabunda sin compaña, sola ella con su pobreza.

Un día dejamos de verla, no sé si murió, si marchó, si se la llevaron, si por su propia voluntad se fue, si la rescató un enamorado marqués, si vino una manada de hijos, con sus nietos, para robarla de su soledad. No sé que le pasó. Desapareció. Se fue como el humo. Quizás de eso estaba hecha.

La llamábamos Jumita, era pobre, solitaria y una joya del alma de Gerena.

A. Buendía.

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4 comentarios:

Blogger ALVARO ARIAS ha dicho...

Yo también recuerdo a esta mujer, aunque probablemente no lo hubiera hecho si no llegas a publicar este artículo tan entrañable.

Esté donde esté, seguro que te agradece que la hayas rescatado del olvido de sus paisanos. A veces somos injustos y hasta crueles con quienes nos rodean. No tenemos en cuenta las penurias que algunas personas tienen que soportar para que encima las utilicen como objeto de burla.

3 de marzo de 2008, 10:30  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Amigo Aureliano:
Para mí ha sido un gran descubrimiento conocerte y, sobre todo, conocer los artículos que escribes con una sensibilidad fuera de lo común.
Seguramente, no lo sabes o no quieres hacerlo público por razons de modestia, pero yo te considero un poeta en el sentido más amplio de la palabra...Y me gustaría que siguieras deleitándome con esos retratos de historia añeja, que tú revives tan magistralmente casi sin proponértelo.

3 de marzo de 2008, 19:01  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Te doy toda la razón amigo Alvaro:

Me doy por satisfecho solo por rescatar a esta criatura del olvido.

También se merece un recuerdo.

3 de marzo de 2008, 23:44  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Amigo anónimo:

Gracias por tus palabras, me llenan de aliento para seguir escribiendo.

Pues decirle poeta a un pintor de brocha gorda, es todo un regalo.

Este blog no pretendí­a ser lo que es, ha ido surgiendo y madurando por su cuenta.

Espero no me abandonen las musas.
Un abrazo.

3 de marzo de 2008, 23:47  

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