viernes, febrero 08, 2008

Una sonrisa de pajaro viejo bajo la gorra.





Y en Gerena tenemos un arroyo con el mismo nombre, me refiero al arroyo Trujillo y a la ciudad de Trujillo, provincia de Cáceres. Esta foto es de una calle de este bello municipio, si os fijáis a la izquierda se ve un bloque de granito emergiendo del suelo. Trujillo es como Gerena, hijo de la piedra. Además Trujillo encierra un casco antiguo de una belleza única, sus construcciones señoriales, su castillo, la casa de Pizarro, todo lo que construyeron aquellos vampiros de la conquista. Las casas, los palacios están en gran parte restaurados, otros cayéndose, pero esperando un milagro que seguro, gracias al turismo, llegará.

Nuestro pueblo también es bello, eso no lo puede poner nadie en duda, su belleza radica en el milagro de estar cerca de una gran urbe y mantener su carácter rural. Pero poco a poco va perdiendo rincones, señales, detalles de su identidad, por ejemplo, no hay que entender mucho de arquitectura para ver que a los promotores que hacen casas para venderlas, poco les importa las fachadas de las mismas; si son bonitas, si encajan en el entorno, el interés de estos no es otro que el vender las casas con la mayor diferencia entre los gastos y los ingresos, es lógico, yo no los critico a ellos, yo haría lo mismo. Pero lo malo de todo esto es que llegará un día en que, por ejemplo, ya no tendremos un casco antiguo por proteger, ni una arquitectura que nos identifique, ni un balcón típico sevillano, ni una calle toda ella de fachadas encaladas. Es el final de un pueblo y el nacer de otra cosa, somos la última generación que se conocerá a sí misma. No hay que ser muy listos. Si en un pueblo donde hasta hace poco éramos 5.000 vecinos, se construyen de un solo golpe 1.000 viviendas, ¿Qué pasa, nos reproducimos como conejos o es que pensamos que ser más grandes es tener mas calidad de vida?.


Y ahora comparto con los intergereneros la foto de una casa muy especial. Ya no vive. Esta casa del barrio antiguo era diferente, especial, típica construcción andaluza con solo una puerta y una ventana. Era de las pocas que quedaban en pié, esperemos que cuando construyan de nuevo la próxima construcción la iguale en belleza.


Recuerdo a "Manolo Pipa" un simpático pastor que vivía con más miembros de su familia en esta casa humilde de paredes blancas plagadas de bollos, como un turrón blanco y duro. En medio una puerta de madera de color marrón por donde cada día bien temprano salía Manolo Pipa cargado con su alforja al hombro, su vara de acebuche en la mano, la cantimplora de barro cruzada y una sonrisa de pájaro viejo bajo la gorra. Algún día alguien que entienda de sonrisas debería escribir su biografía y la historia del número 17 de la calle Ramón y Cajal de Gerena.



A. Buendía.

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