jueves, marzo 06, 2008

Llorada una amarga noche de poca luna.


A la derecha unas pequeñas y misteriosas cuevas de poca profundidad. A la izquierda un pino solitario. Un árbol majestuosos protagonista en un paisaje de encinas, acebuches y alcornoques. Pasando el pino una alberca ruinosa que atesora un pequeño manantial claro y fresco. Algunas ranas cantan entre músicas de abubillas, petirrojos y herrerillos. La luz pasa sin pararse, deja un lunar aquí, un destello allá; es ligera, hecha de aire. El olor indescriptible.

Bajo el Pino un amplio espacio llano de suave hierba donde, aquel día de primavera, dimos buena cuenta de nuestro almuerzo. Me comí, con voraz apetito, el bocadillo que me preparó mi madre de carne empanada y mis latitas de zumo. Después no entretuvimos con distintos juegos hasta bien madura la tarde y, casi oscureciendo, nos marchamos devolviendo al árbol su sueño marrón y verde.

Su apartada umbría, el hecho de encontrarte entre dos profundas laderas, el tener un pino por techo, el susurro del agua escapando: Todos estos detalles, entre otros, hacen del paraje del Pino de la Canaleja unos de los lugares con más encanto de Gerena.

Pero además guarda un misterio que supera al propio paisaje: Aquel lugar fue la tumba de un huido de la guerra civil española. Uno de tantos hombres, que perseguidos, se tiraron al monte como alimañas, aguardando una esperanza que nunca llegó. Por aquellos paisajes serranos malvivía uno de nuestros vecinos huyendo de la represión franquista. El desgraciado se alimentaba de la naturaleza y de los escasos alimentos que, a veces, podía llevarle su mujer, siempre de noche y a hurtadillas.

Me dijeron que en aquel lugar fue cazado y dado muerte, seguro que delatado por los mismos pasos que tanto le amaban. Su cuerpo acribillado fue encontrado por su mujer, prefiero pensar esto a que fuera ella misma testigo de su asesinato. Fue hallado y sepultado, junto al tronco de la conífera, bajo sus ramas, en su solitaria sombra descansa desde aquel día.

Quién sabe si, desde las raíces, entró en el torrente de su savia pasando a ser parte propia de nuestro pino desde entonces y para siempre. ¿Será que guarda dentro su alma?

Hoy el paraje está cerrado tras cancelas y alambradas. He intentado volver, pero las leyes de la propiedad privada prevalecen a las del corazón.
Echo de menos el Pino de la Canaleja. Añoro bajar la cuesta, sentir como las cuevas me observan. Acercarme al tronco, a su sombra, a la alberca. Mirar como, asustadas, las ranas saltan en desordenada estampida, y tomar un sorbo de agua.

Sé que si algún día vuelvo me pondré bajo su copa para cerrar los ojos. Escucharé el aire silbando entre sus agujas verdes, y respiraré profundamente. Tras unos segundos seguro que rescataré del tiempo un olor dolido a pólvora quemada. Y se me encogerá el corazón al notar, a mi espalda, las miradas de los verdugos. Y si sigo mucho rato con los ojos cerrados, podré escuchar el latir nervioso y asustado de aquel hombre. Sentiré su respiración, compartiré su miedo.

Después del trance abriré los ojos y, aun con el bello escaldado, ya sin darme cuenta, pisaré una lágrima llorada una amarga noche de poca luna.


A. Buendía.

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2 comentarios:

Blogger francisco romero ha dicho...

La verdad Aureliano, que leyendole, parece como si entrara en esa imaginación suya y la viviera yo mismo. Creo que si me hubiera tocado vivir esa época, seguro que estaría por los montes perdidos, por eso me encarno fácilmente con esta historia. Nunca entenderé como siguen existiendo personas en el mundo que buscan y apoyan las guerras. Un saludo.

6 de marzo de 2008, 8:10  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Saludos Francisco Romero:

De ahora en adelante, por favor, tutéame, pues prácticamente somos amigos, aunque no nos hayamos visto nunca, pero no hay duda que compartimos muchos sentimientos, y además fuiste el primero en dejar un comentario en mi blog, casi viejos amigos.
Me siento feliz sabiendo que te gustó, a pesar de su tristeza, distinto sería sentir indiferencia. Si nos conmueve, si nos atrapa, dejaremos de ser cómplices de aquello y de todas las guerras. Pondremos nuestro grano de arena para que no se repitan, para que cesen.

Decirte que me encanta que dejes tus comentarios, me gusta que todo el mundo deje comentarios, me motiva para seguir escribiendo. Espero no aburrir a la peña.
Salud amigo.

6 de marzo de 2008, 23:34  

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