domingo, abril 27, 2008

Ni la primera ni la última.




Murió también ella. Aquí no queda nadie.

Se fue, en lo material, con lo que vino.

Vivió intensamente. Sobrada de la mayoría de las cosas. Era simple y a la vez compleja, retorcida e imprevisible.

Yo no la conocí, como se suele decir solo de vista, esa vista distorsionada que nos da el velo del que no se fía. Ese velo que nos envuelve y a veces se llama racismo, otras machismo y la mayoría ignorancia.

Decidió su propio destino, eso es lo que parece, nadie puede por ello juzgarla.

Quizás pudo sacarle más zumo a la vida, haber disfrutado de un hijo, de una vejez, de una existencia sosegada. Pero esa no era su vida, la suya estaba hecha de intensidades, de fogonazos de lucidez y eternidades de sombras. Fue sólo su vida, no la mía, y se fue como vino, que nadie la juzgue, ya que nadie comprende y muy pocos la conocieron.

Murió también ella. Y tampoco en esto fue la primera. Ni la última. Fue la Tercera.


A. Buendia.






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1 comentarios:

Anonymous juan jose ha dicho...

descanse en paz, vecina

28 de abril de 2008, 15:59  

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