miércoles, octubre 05, 2011

Pobres pobres


Cuando vea los anuncios de la tele, cuando le estén machacando el cráneo con ellos, mientras está usted sentadito en su sofá, piense, por ejemplo, en un habitante del África profunda, imagine que le colocaron una televisión en su choza, y que lo bombardean un buen rato con los mismos anuncios que usted ve: la crema antipatitas de gallos (quién pillara un gallo), el agua mineral baja en sodio y poco mineralizada; ideal para la silueta, el blanqueador para tener los dientes blanquísimos, el pienso con el que su gatito será un gato sano, el móvil que vale para todo; como para buscar restaurantes y tiendas de flores, un detergente que no raya las copas de su vajilla... Todo eso lo ve el pobre negrito, mustio y hambriento, en su choza reseca. Y se levanta y apaga la televisión para no contaminarse. Y para maldecir la misma madre que nos parió a todos nosotros, y a nuestros inventos.

Pobres pobres que diría aquél, o "pon un pobre en tu mesa", como dijo un genio.

Hacen falta pobres, si no fueran imprescindibles creo que hace tiempo se habrían terminado, o los mismos pobres se habrían sacudido las moscas por sí solos. Pero algo ocurre que no cesan, y lo que ocurre es que hacen falta. He llegado a esa triste conclusión.

Por ejemplo las religiones, que necesitan a los pobres; son su negocio. No veo ninguna religión que quiera que los pobres se acaben. “Bienaventurados los pobres” dicen. Pero no hacen ni el intento de cortarlos de raíz, de acabar con las fábricas de pobres. Mientras hablan de otras cosas, para ellas más importantes, parece que se les olvidan que existen campos donde se cultivan pobres. Pero solo parece. Para las religiones la lucha por el reparto de las riquezas, por la igualdad entre hombres y mujeres, por denunciar a los grandes asesinos. Para ellas eso no cuenta. Ellas tienen otras preocupaciones menos terrenales: el espíritu. Y nos dicen que el espíritu invisible es el que hay que salvar, al pobre que lo parta un rayo. Pobres pobres.

Los inversores también necesitan a los pobres. Sin pobres no habría riquezas con que especular, ni sueños que mal despertar. Dicen que los inversores no tienen cara, lo dicen para que no se nos ocurra cagarnos en sus mismas castas, pues ganas no nos faltan. Los inversores tienen el dinero, tienen el poder.

Prefiero la sencillez, la simplicidad, a ser un limpiaculo de los inversores. Por ello siempre evitaré pedirle a un inversor un favor. Ni loco.

Nos dijeron que la felicidad se podía comprar. Y aquel sueño de colorines, de luces de plástico, de celofán podrido; todo ese espectáculo soez de la gran superficie, del centro comercial con sus mojones en oferta, todo nos pareció el jarabe contra las penas. Porque los pobres necesitamos cosas, nuestra vida está hecha de cosas tristes, muchas de ellas absurdas; móviles, wii, el iphone treinta; siempre habrá un invento nuevo pasándose de moda. Y un buitre deseoso de prestarnos el dinero, para que en cómodos plazos nos pueda bien dar por la trasera, y sin anestesia.

Los bancos necesitan más a los pobres que incluso las religiones. En prestarles mentiras van sus ganancias, en prestarles su propio dinero; el de los propios pobres, en eso va su estraperlo. Ganancias que son salivazos, con el hedor del dinero, a la misma cara; sin pudor, sin miramiento.

Los pobres necesitan/necesitamos vida; vivienda, pan, cultura, una cerveza mientras se charla con un amigo. Eso no vale tanto. Tampoco hay que hipotecar una vida para poder vivir.

Sin pobres el diablo se quedaría sin almas, y el diablo, que lo sabe, mantiene la rueda andando. Todo es una rueda, la dichosa rueda; los pobres necesitan trabajo y con un salario mísero poder pedir un crédito, con el que comprar, comprar... si no compras no existes. Si tu vecino tiene mejor coche; él es más feliz que tú. Si tu vecina se puso dos tetas nuevas; ella sí que es feliz. Aunque se las vea y se las desee para regalarse una sonrisa, una caricia o un beso de amor. Amor; ¡a quién se le ocurre hablar ahora de amor cuando tan poco cuenta en los balances!

Los políticos necesitan pobres que piensen que pueden curar sus males, pero en el fondo los necesitan para sustentarse, para quitarles el fruto de su trabajo. Nos quieren hacer creer que el pobre necesita al político como salvador, pero es justo lo contrario, el político vive del pobre, nunca ha sido al revés. Muy pocos político sirven a los pobres, la inmensa mayoría se sirve de ellos. Por suerte hay raras excepciones.

En este cochino mundo siempre habrá un invento para la felicidad, para comprarlo. Y habrá individuos pobres pensando que sólo con ese invento en la mano, frente a su cara o bajo su culo, habrán alcanzado la felicidad completa. Pero todo eso es mentira; al momento que tengas lo último de lo último vendrán los magos de la farándula a sacarse de la chistera otra nueva infelicidad. Sólo seremos felices si desdeñamos lo último. Si nos dejamos, deliberadamente, pasar de moda.

Nosotros quizá ya no tengamos remedio: somos ratones en una rueda, dentro de la jaula de nuestra soberana ignorancia. Los que necesitamos a los pobres, y los que nos necesitan, engañamos y nos engañan. Y a menudo se nos olvida que el amor es lo único que nos puede hacer sentir que estamos vivos, que somos libres.

Espero saber trasmitirles esto a mis hijos. Y protegerlos de tanta contaminación. Pero me siento realmente solo, el enemigo está en todas partes. ¿Cómo se puede luchar contra tanta mediocridad?





Nota: Título de la foto: Mis hijos y otros bañistas.

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2 comentarios:

Blogger DANI ha dicho...

Bravo por ti. A mi también me preocupa saber transmitirselo a mi hija. Yo me he dado cuenta demasiado tarde y ahora soy pobre hasta de espíritu :(

Un abrazo enorme Aureliano

5 de octubre de 2011, 17:40  
Blogger La sonrisa de Hiperión ha dicho...

Estupendos siempre los posts que nos dejas. Un placer haberme pasado de nuevo por tu casa.

Saludos y un abrazo.

8 de octubre de 2011, 19:37  

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