jueves, agosto 18, 2011

A la tata Ito



Se murió la tata Ito, y esa historia de las buenas personas se hizo carne, se volvió breve; como una puesta de sol en los últimos momentos; como una semilla que va volando, flotando, dejando atrás todas las cosas; como un arco iris, momentos después de que pare la lluvia.

La última tarde fue muy corta. La gente iba y venía por los pasillos, todo lleno de batas blancas, de lágrimas quedas. Cuando sonó el teléfono, la última tarde, desde la ventana de mi oficina pude ver un arco iris doble; sobre el cielo negro, uno encima del otro; el de abajo nítido y suave; el de arriba suave y brumoso; luego fueron desapareciendo convertidos en una niebla fina de colores inciertos. Al mismo tiempo, en el pasillo del hospital la noticia se extendía de boca en boca, de ojo en ojo, hasta que llegó a mí, con las ondas frías de mi teléfono: - La tata ya no está.

La carne se hace carne; cuando la vida se va y queda sólo su vacío, y queda sólo su hueco, hecho con los jirones de la nada, de lo que no tiene remedio. Miles de recuerdos en este álbum de mi memoria chica: las siestas de verano, de niño, con mi hermana, en su cama; un barreño de zinc al sol, en el corral, calentito; la verdad de su sonrisa, las flores que siempre le acompañaban, las excursiones a la playa, las meriendas de rebanadas de pan de a kilo con foie-gras, su inmenso amor que al final la hizo rica, el gran hombre que le acompañó siempre, y todas aquellas otras cosas que ahora no cuento.

Pero no sólo tengo recuerdos, sino una larga y angosta soledad mía; el certero convencimiento de que nada seguirá siendo igual. Y así fue... y así es...

Me gustaría tanto volver a ser niño y hombre junto a ella; la persona que la tuvo y no la que la pierde... Pero la tengo que dar a la tierra, y además de darla agradecerla; por haberla engendrado, por haberla compartido. Aunque esa misma tierra ahora, solícita, la reclama. Como si le faltara su cuerpo para ser perfecta. Porque la tierra, sin duda, también estaba hecha de la ella, de la tata, de mi tata.

Por la Puerta del Perdón, en la Iglesia, vamos ahora saliendo; yo abajo; debajo. Tú arriba; tendida. Momentos antes el pueblo entero ha pasado por mis manos, y por mis mejillas. Me decían la pena, pero también la alegría, aquellos que nunca podrán perderte, pues te llevaban ahí, donde ningún sentimiento jamás se borra.

La Puerta del Perdón abierta, y nosotros te vamos llevando por el último pasillo de las despedidas, de los pasos finales que damos juntos. Nuestro cura, el Hermano, el de toda la vida, delante pensativo y andando. Junto a él, Antonio, de acólito, tan mayor, tan inmortal el pobre, mientras dure. El cielo, por el oeste, púrpura y roto; abrasado igual que una piel herida que se rompe. Yo te llevo -te llevamos-; caja fría, tierna y dura; sin peso, mecida; deshabitada y desabrida. Madera de madera, seca y brillante, y al fondo un sol sangrando, moribundo y rojo.
















Ya sabes que te querré siempre.
































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8 comentarios:

Blogger Kini Santos ha dicho...

A veces hay perdidas irreparables que te hacen el corazón añicos.

Y duele, duelen mucho.

Un saludo...

18 de agosto de 2011, 1:39  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Hace bastante tiempo que me encontré por casualidad con tus preciosos relatos exactamente con aquel de: un mote por favor... que tantas veces leo, después de leer tu última entrada, no me queda otra que escribir para darte mi más sincera enhorabuena, y darte las gracias por transportarme tantas veces a mi infancia, por recordar tan bonito a tus gentes que en cierto modo también son las mías... saludos D.C.N

19 de agosto de 2011, 0:05  
Anonymous Carmencita ha dicho...

Tataito, te sigo sintiendo cerca y pensaré por siempre en tí. y aunque en nuestra familia seamos demasiado realista, yo se que estás aquí, no sé én qué sitio pero te tengo conmigo.
Te quiero tata,

19 de agosto de 2011, 1:12  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Gracias nene, ahora me reafirmo cuando quise que te quedaras con nosotros en la iglesia

21 de agosto de 2011, 11:29  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Como respuesta a vuestros comentarios no puedo hacer otra cosa que mandaros un fuerte abrazo.

Hace meses que escribí esta particular elegía a mi tata Ito (lo de Ito, por quien no lo sepa, viene de Rosarito; Rosarito Suarez Algaba). He tardado bastante tiempo en publicarla pues a veces a uno se le hace difícil tratar los asuntos más personales, que son, por otra parte, donde uno más sincero se muestra. Una vez publicado confieso que, pese a sus imperfecciones, me siento orgulloso de haberlo escrito y también de haberlo subido a mi blog; sólo existe lo que se dice y si no se dice de qué vale.

Cuando mi tata, sencilla y honesta; una mujer como cualquiera otra pero a la vez única, estaba cadáver en la iglesia, y se congregaron allí varios centenares de personas, vecinos que nada ganaban ni perdían por ir o por no ir a despedirla, me llamó la atención ver tanta gente, y pensaba como las personas son tan valiosas como los afectos que éstas cultivan, y tiene la mayor fortuna, no en cuántas propiedades legan en herencia, sino en la profundidad de la huella con que marcan a los vivos.

Con este escrito dedicado a Rosarito la Meína no solo quiero hacer mención a esta gran persona, mi tata, que hace algunos meses nos dejó, y que por tener conmigo tantos lazos, tan amargo dolor me provocó su fallecimiento. Con su mención quiero también decir que son las personas sencillas, las que atesoran amistades y cariños en vez de tierras y capitales, las más valiosas; las más afortunadas, las que mayores riquezas consiguen en sus vidas. Y a estas personas, que por cierto no salen en las revistas, ni en los programas de televisión, ni se le entregan melladas ni premios; estas personas son las verderamente importantes; las que siempre, pasen los años que pasen, más echaremos en falta. Eso era, en esencia, lo que quería decir.

Un saludo, un abrazo.

21 de agosto de 2011, 20:42  
Blogger Mónica ha dicho...

Hay cosas irremediables en esta vida, una de ellas es la muerte que arrebata de nosotros esos seres queridos tan importantes para nosotros. Una vez alguien me dijo algo y no lo he olvidado:
Cuando un ser querido se va, hay que intentar sentir paz interior, para que el la sienta, descanso, indiferentemente de en lo que creamos, la materia existe y desaparece, pero la esencia, su espacio en el universo, permanece.

Un abrazo muy grande.

Cuando tenemos el valor de sacar eso que tanto nos hiere, nuestro dolor es mas llevadero.

23 de agosto de 2011, 10:16  
Anonymous MADRINA ha dicho...

No te puedes imaginar las veces que lo he leido,las cosas bonitas y verdaderas que dices de ella,yo sabia que era muy buena persona pero con todas las personas que hablo de ella melo confirman.
La hecho muchicimos de menos y no la olvido ni un momento.
Muchas gracias y muchos besos para ti y los tuyos.

24 de agosto de 2011, 19:51  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Gracias por poner palabras a lo que muchos sentimos.A las personas especiales se les recuerda cada dia y Rosarito, era muy muy especial.
A Rosarito la querre siempre, ella me vio nacer y en mi vivira siempre.

25 de agosto de 2011, 8:41  

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