jueves, febrero 04, 2010

Mi día de suerte

Dos latas de anchoas, un brick de tomate frito, tres peras de agua y una botella de vino; la cajera coge las vituallas una a una y las pasea por el lector laser. Es rubia, con los dientes muy blancos, el pelo corto y, aunque cajera del Mercadona, está maquillada como si trabajara en la sección de perfumes de “El Corte Ingles”. Viste un uniforme muy usado que le queda chico, pero le sienta a rabiar; la minifalda apretadísima y los muslos más gruesos, en proporción, que el resto del cuerpo. Esto es sólo a mi particular juicio, pues los cuerpos no tiene por qué proporcionarse a nada, pero es eso lo que camina por mi cabeza, mientras esa preciosa desproporción me caza, como un pez cayendo en una telaraña de algodón dulce. Imagino que le hablo, y le digo; "¿Qué hace un monumento como tú en un sitio como este?" Y miro la pequeña raja de la falda; precipicio carnoso; cañón caliente; sima de tela roja; pliegues de sal y pelos, dobleces íntimos que no veré pero que están ahí, a punto de todo.

La chica hace un pequeño giro para coger mi tarjeta y, qué afortunado, veo por esa raja mucho más allá de lo que ella quisiera enseñarme y de lo que yo pudiera ver. Y siento vergüenza de la buena; un rubor tenso que no me deja disfrutar como debiera del instante, luego, unos segundos después, logro recrearme con la pequeña memoria de lo ocurrido. Como un ladrón que más tarde, por fin, disfrutara de su valioso botín. Desconocida química de un animal lejano que va captando en el aire millones de feromonas invisibles que rebosan mis pulmones y que van entrando, también, en la bolsa de mi compra entre conservas y frutas verdes.

Pero me fijo ahora detrás. Me sigue una mujer que rondará los treinta y tantos largos muy bien cumplidos; es de piel morena, delgada, casi escuálida. Tiene el cabello un poco mojado; seguro que al acabar de ducharse cayó en la cuenta que podía bajar a comprar algo para la cena. Viste vaqueros y una blusa blanca. No lleva más ropa, pues este noviembre sin lluvia madura aun en verano tardío. Y no se puso sujetador; -La libertad también baja al supermercado- me digo, donde sus pechos se bambolean tras la fina tela, como limones que el viento roza.

Ha dejado la cesta en el suelo y empieza a subir lo comprado a la cinta transportadora. Antes pone, entre ella y yo, una poderosa frontera que dice: “Próximo Cliente”. Y de pronto, frugalmente al agacharse, me regala, sin quererlo, una teta; simple y perfecta, limpia y fresca, recién duchada, que se me pega a los ojos, que me hace feliz como un tonto.

¡Qué tarde! Si fuera uno de esos salidos que andan babeando por ahí pensaría que hoy es mi día de suerte.

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8 comentarios:

Blogger Pelayo ha dicho...

Me encanta que me sorprendas con estas cosas canalla.

5 de febrero de 2010, 13:53  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Aureliano estas son las cosas que te hacen seguir pensando en la vida, que el mundo seguirá y que... no tenemos enmienda. Y hasta se te olvida un poco la dichosa crisis.
En fin, me encanta. Sigue asi.

5 de febrero de 2010, 14:45  
Blogger kinisantos ha dicho...

Oh!! Diosa Bene Lux!!
Ji,ji,ji,ji...!!

Muy bueno Aureliano!!
Un saludo...

5 de febrero de 2010, 22:26  
Blogger tartésico ha dicho...

Un relato de categoria.Ahora cuando vaya al mercadona seguro que me fijo en los muslos de la cajera. A ver si tengo tu misma suerte.Saludos.

6 de febrero de 2010, 1:51  
Blogger Jaht ha dicho...

Flores y frutas, olores y sabores, mujeres que dejan revolotear su inocente desnudez, que muestran los inicios de jubilosos misterios; la vida, Aureliano, esa es la buena vida.

8 de febrero de 2010, 19:35  
Blogger DANI ha dicho...

Uff tio, el texto te ha salido genial y muy sugerente.

Parece que lo he vivido ;)

Un abrazo

8 de febrero de 2010, 23:10  
Blogger Mai Puvin ha dicho...

Jajajajajajjajaa qué linda entrada, fresca, alegre... me felicito por visitarte.

Vine atraida por tu nick y mi amor a García Marquez... Te regalo una imagen de mi tarde calurosa, en remera (¿playera?)sin más.

Abrazos.

13 de febrero de 2010, 19:35  
Blogger Aureliano Buendia ha dicho...

Queridos amigos, ya me considero recompensado con vuestros comentarios. Son tiempos difíciles para la inspiración. Pero aquí ando, alerta, por si viniera. Aunque sea en la cola del supermercado.

14 de febrero de 2010, 20:22  

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