domingo, marzo 27, 2011

El Ovni de Curro



Cuando me encomendaron esta misión no esperaba que se pudiera complicar tanto. Ya el viaje se inició torcido, pues además de varios errores a la hora de repostar -que si combustible normal, que si sin plomo-, nos perdimos al llegar a la galaxia “Isidra”, y tuvimos que parar a preguntar en el primer planeta que nos encontramos por el camino. Dejamos la nave un momento en doble fila, Algarrobo –mi compañero- esperando dentro, mientras yo me acerqué a una venta de carretera de dudosa pinta. Nada más entrar me percaté que no era precisamente aquel lugar de los que yo elegiría un fin de semana cualquiera para comer con la parienta y la prole. El tabernero era una cucaracha gigante, de casi tres metros, con un delantal comido de lamparones, que hablaba con un palillo entre los dientes, soltaba tacos a diestro y siniestro.
-Buenas tardes- dije.
-Buenas por los cojones- me soltó, pero hice como el que no se daba por aludido.
-¿Me podría usted indicar si voy bien para el planeta Tierra?
-¡Joder! –me respondió- Manda huevos que todo el que se pierde viene y me pregunte a mí. ¿Qué pasa?, ¿que no hay más planetas en este puto universo? Lo digo, sin animo de tocarle a usted sus benditas pelotas. Pero es que, ¡Coño!, parezco el tonto de la plaza del pueblo; ¡todo dios preguntándome!
El gran cucaracho me hablaba mientras no paraba de hurgarse en las encías con el palillo de dientes que, juzgando por su color, debía durarle desde hacía días.
- Mira picha –continuó diciéndome- sigues todo tieso, hasta pasar un par de estrellas más, luego doblas a la izquierda, y a un par de años luz, por ahí anda ese planeta Tierra que dices. En ese momento tuve serias dudas de que aquel tipo supiera realmente algo del planeta en cuestión, y fruncí el ceño desconfiando. Pero no recordé que las cucarachas pueden leer la mente.
- Mira picha -me inquirió- si crees que no sé donde está ese jodido planeta te diré que éste que te habla no se ha perdido ni uno sólo de los capítulos de Curro Jiménez. Aquello me tranquilizó; para nosotros, los habitantes del cuadrante segundo, la serie televisiva de Curro Jiménez ha sido, durante décadas, un fenómeno de masas, sin ir más lejos yo mismo me llamo Curro Jiménez. En ese momento me percaté que había perdido demasiado tiempo en aquella venta apestosa, así que, dándole las gracias, me alejé pensando que quizás debería haber aprovechado la ocasión para vaciar mi bolsa fecal en el tigre de aquel tugurio. Pero bueno, de todas formas no quedaban más que un par de años luz, como mucho, para llegar a mi destino. Me monté en la nave y le dije a Algarrobo que mis pesquisas habían dado resultado, y que pusiera los motores en marcha.

Algarrobo es un tipo de pocas palabras, él dice que prefiere escuchar a hablar, y eso a mí me tiene desquiciado, porque no saca el tío ni una mala conversación en todo el camino; no me dice ni “mu”, y claro atravesar el universo sin conversación es para matarse.

Pasados los dos años luces de viaje, y sin más contratiempos a destacar, excepto un par de paradas porque nos cogían perlitas las bujías, fuimos a llegar al planeta azul, la patria de Curro Jiménez. Al ver el planeta con tanta agua y tanta nubecita flotando, nos quedamos boquiabiertos, algo que me alegró porque por lo menos, por esas, mi compañero abría la boca. Pero el hijo de la gran marciana no soltó ni siquiera un “¡Oh!”, que va, este tío no habla ni queriendo. Pues eso que vimos el planeta azul y entonces pensé que debería haber hecho mis cosas en la venta del cucaracho; tanta agua liquida me abría las ganas de vaciar, pero aguantando el tipo, sin pensar en nada y porque me senté encima de la palanca de cambios, puede reprimir aquellas ganas enormes. Algarrobo enfiló la nave hacia donde a él le pareció. Yo le dije que, por su madre, aterrizara lo antes posible en un sitio discreto. Y así fue como nuestra nave, en el día trigésimo quinto de la cuarta estación de la era verde, aterrizo en el planeta Tierra.

Ir al planeta azul no es para nosotros algo excepcional, que va, ya les dije que somos grandes seguidores de algunas de sus cosas, sobre todo de sus series televisivas, y más concretamente de las series que se hacen en el país llamado España. Comparadas con la de Curro Jiménez las otras series tiene poca relevancia, pero de vez en cuando las ponen y las reponen en nuestros cines. Y eso se nota en los nombres más populares de nuestra civilización; por ejemplo, no es extraño encontrar un gran número de individuos, en mi planeta, que se llamen Benito o Manolo por la serie “Manos a la Obra”, o que muchas de nuestras mujeres se llamen “Fortunatas” y otras “Jacintas” también por una serie muy famosa. Y no solo las series españolas, de hecho yo y mi señora le pusimos a nuestros últimos gemelos; a uno “Coche” y al otro “Fantástico”.

Bueno, pues la nave tomó por fin tierra, y la tomó literalmente, porque Algarrobo -mi compañero- lleva menos de un mes con el carné de nave, y además creo que se lo sacó por correspondencia, es malo de narices. Cuando nos hubimos arrastrado durante una buena cantidad de metros sobre un campo llenos de terrones y la nave tomó toda la tierra del mundo, entonces acabó parándose y Algarrobo dijo: -Ya está, si no te ha gustado, la próxima vez aterrizas tú, que me tienes hecho un esclavo. No me dio tiempo de contestarle, ya que mi urgencia era vaciar todo el contenido de mi bolsa fecal que estaba a punto de explotar. Una vez aliviado, me recompuse y empecé a pensar; “A ver, hemos llegado al planeta de Curro Jiménez, estamos en un pueblo de Andalucía, donde nuestro ídolo cabalgaba. Lo mejor será que empecemos a tomarnos en serio esta misión, pues si no nuestros jefes nos van a pelar al cero, así que a trabajar.”
-Algarrobo –inquirí a mi compañero- ¿Dónde coños estamos?- Éste se puso a mirar su reloj. El muy cretino, además de hablar poco, está siempre presumiendo de sus cosas; que si este reloj es sumergible, que si se le enciende la luz para ver la hora de noche, la verdad es que lo poco que habla es para darme la brasa con su relojito.
-Capitán Jiménez – me dijo- estamos en un pueblo de Andalucía, espera que le doy al botón de mi reloj nuevo para que nos diga más información. Este reloj tiene una memoria de dos millones de gigas, me lo compró mi madre en el día de mi santo -mi compañero Algarrobo, además de creído de sus cosas, es todo un meapilas.
-Bueno Algarrobo, no me des más la tabarra con tu relojito; que si sabe hacer esto, que si tiene la correa graduable. Dale ya al jodido botón.
Y el reloj de mi compañero empezó a transmitirnos telepáticamente toda la información que disponía: “Estamos en un pueblo típico andaluz. Localidad donde en verano te mueres de calor y en invierno de frío” Qué mierda de reloj tiene mi compañero pensé, como todo los datos sean del estilo me voy a cagar en sus difuntos muertos. “En primavera se está muy bien, pero dura poco, y el otoño es que ni te enteras; un día estás en camisa y al otro, sin avisar, ya es invierno y te congelas. Se recomienda llevar, la mayor parte del año, camiseta interior graduable en cuanto a sus mangas. En está época del año estamos en el periodo transitorio entre mangas cortas y sin mangas”. Menos mal, pensaba, que no está aquí y ahora mi santa esposa, con la de veces que me dijo cuando hacía el equipaje: “Llévate una camisita interior por si refresca”. Y el reloj de Algarrobo seguía transmitiendo: “Habitantes en la actualidad de este pueblo: seis mil y pico, pero contemplado en su nuevo PGOU que pudieran tener en los próximos diez años una media de diez hijos por mujer viva (y no en edad reproductiva), mientras que las tasas de defunciones seguirán siendo, gracias a Dios, las mismas. Comienzan en el pueblo a aparecer edificios de más de tres plantas, pudiendo perder en el futuro su carácter tradicional. Dentro de poco elecciones municipales; se prevén, por el ambiente, importantes cambios. No hay constancia que por este pueblo pasara nunca Curro Jiménez.”
-¿¿Y eso es todo?? –le grité-, ¿esa es la información que guarda tu maravilloso reloj sobre este pueblo? ¿Y para que carajo quieres los dos millones esos de memoria? –Me entró por dentro una mala leche.
-Bueno, es que últimamente para dejar espacio, tuve que borrar algunos archivos. Mis colegas me mandan unos videos buenísimos de caídas graciosas y no tuve otro remedio.
-Mejor será que no me dé por enterado de lo que me acabas de decir. Mejor será. ¡Mi compañero pone en peligro una importante misión espacial porque sus colegas le mandan videos graciosos de mamporros! Anda Algarrobo que estamos aviados, tira pa dentro y busca en el Google noticias de este pueblo.
Al poco tiempo salió de la nave y me contó que casi todo eran noticias chungas; que si unas facturas falsas, que si un acuífero contaminado, que si gobernantes procesados, que si...
-Para, para, Algarrobo. Mejor será que nos volvamos, que ahora mismo no está el horno pa bollos, estableceremos el contacto terrícola de Gerena en otro momento.





Nota: Mis respetos a todas las personas que salen en este video. Especialmente a Joaquín Mateos, gran investigador y estudioso del fenómeno ovni.

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4 comentarios:

Blogger Harry Villegas Pombo ha dicho...

Gran error llega a cometer este, en su tiempo barquero de Cantillana, pues en el fondo y a pesar de lo que ese maldito Google pueda decirle, no es del todo mal pueblo para llegar a vivir.

28 de marzo de 2011, 17:22  
Blogger kinisantos ha dicho...

Muy bueno tu relato cómico-irónico Aureliano.

Un saludo...

29 de marzo de 2011, 11:25  
Blogger DANI ha dicho...

Aiss si el Principito te leyera....ja ja ja

Un abrazo, tio enorme.

2 de abril de 2011, 0:57  
Blogger La sonrisa de Hiperión ha dicho...

Como siempre un placer pasar por tu casa...

Saludos y un abrazo.
Buen fin de semana.

2 de abril de 2011, 12:31  

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