miércoles, junio 03, 2009

Esa frontera de arena


Hace varios días que vagas a tu antojo, sin querer llegar, ni querer quedarte, ni marcharte, a veces cruel a veces complaciente, risueña sin prisa, errante y entretenida, por las tortuosas calles de mi cabeza.

Y cada vez que te mueves viene a mi mente tu boca pues es, entre tus atractivos, la más escandalosa de tus armas. Tus labios parecen suaves, tiernos, dulces, tersos, nítidos, de sal y fresa. Parecen que fueran la flor de un corazón de helado y zumo, como un panal de miel y sangre.

Es mejor no pensar en la posibilidad que alguna vez nos citáramos, fuésemos al cine, a pasear por el parque, a tomarnos un café en las terrazas de la Torre del Oro.

Es mejor que mi imaginación descanse, por no decir que muera, para que no me torture más con la posibilidad de hacerte una llamada valiente y pedirte que saliéramos juntos, una tarde de estas, a comernos el mundo, a comernos las bocas. Entonces, sí podría anhelar muchas más cosas de ti; todas tus femeninas formas... y no solo tu boca, esa bandera tuya de deseo, esa frontera de arena que nunca alcanzo.

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1 comentarios:

Blogger Ars natura ha dicho...

Que bonitas palabras tan bien emcadenadas.
Y que buenos tenían que estar esos madroños! Tan maduritos, ummmmm....
jejeje.

3 de junio de 2009, 9:30  

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