martes, marzo 25, 2008

Las canciones de los cerrojitos


Las aguas bajan relajadas. De vez en cuando un insecto, una rana o un mirlo, alteran el normal transcurso de su camino, pero luego, vuelven a discurrir aun más tranquilas.

La vida lo rodea todo y le importa un carajo, quien eres, a donde vas o de donde vienes, solo quiere que no dejes huellas.

Entre los troncos, entre las ramas de los lentiscos, de las adelfas, se respira naturaleza. Todo es verde, todo es agua. Las gotas me mojan la piel al mover las hojas que cierran mi paso y siento su frescor, que se huele, que te cala el pellejo.

El musgo sombrío parece encerrar micromundos desconocidos lejanos a la percepción de tus ojos.

El oxígeno se podría envasar por espuertas y exportar a las metrópolis del estrés.
La luz se olvida del Sol y de la tierra, se queda dormida por el camino.

Y en el último rincón de aquel monte, perdido en los recodos del arroyo de Las Torres, las canciones de los cerrojitos me hacen pequeño, ínfimo, insignificante testigo del universal mensaje. Dónde las horas son meras fracciones de tiempo.

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