Un mote, por favor.
Lo de ser cateto, y a mucha honra, tiene sus cosas. Me refiero a que hace unos días me saludó por e-mail un señor con su nombre y apellidos. (Es la persona que tan amablemente me mandó las fotos de las conchas y de las anclas, por cierto preciosas, Juan de nombre, los apellidos me los guardo porque no quiero que los parroquianos y parroquianas pudieran adivinar su identidad antes que yo). El tal Juan, a pesar de firmar con todas sus letras, para mí, ha seguido siendo un desconocido y eso que en Gerena decimos nos conocemos todos, pero claro, conocerse no es tener el registro del DNI en la cabeza.
Pues eso, que caí en la cuenta que si este buen amigo me hubiera ilustrado con el mote de su estirpe, seguro lo hubiera identificado y sería un amigo de rostro conocido en vez de un amigo con cara por retratar.
Y es que la riqueza de nosotros los catetos tiene, entre otras cosas, el gran invento, para la identidad, del mote.
Sirva este pensamiento, en esta época en que ando escaso de inspiraciones, para hacer un repaso por aquellos que ahora recuerdo. Si alguien quiere ampliar esta entrada tiene toda mi licencia y mi agradecimiento;
El más viril de nuestros motes: Pecholobo.
Uno cruel y despiadado: Mata Gatos.
Otros de la categoría del delito: Matamoros y Matacura.
De aves: Tripagallo, Palomita. Curropollo.
Del sistema decimal: Mediolitro, Milímetro.
Personales: Nonillo, Toto. Yeyo.
Profesionales: Carbonero, Pescaero, los de las Escunitas, Viruta, el Miero.
Son solo un botón, ya lo dije antes, tengo poca memoria y muchos recuerdos. No me acuerdo de más y los hay por decenas.
Nuestros motes son cultura, ser catetos nuestra identidad.
Presumamos de ella, todos no tienen la misma suerte.
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