Cosa de raros

Han empezado las voces, que claman la evidencia, a llegar a los altos estamentos políticos. Se produjo la primera votación de la historia de nuestro país: crueldad con los animales Sí, crueldad con los animales No. Por esto no puedo hacer otra cosa que admirar, desde Andalucía, a esa sociedad catalana, que demuestra, cuando se cuestiona la prohibición de las corridas de toros, una madurez envidiable.
Hace poco sentí verdadera vergüenza cuando, a vueltas con este tema, parlamentarios andaluces quisieron invitar a sus homólogos catalanes a una ruta turística sobre el significado de las corridas de toros en Andalucía; bochornoso; -¡Qué bien, qué bien, los políticos andaluces nos llevan de excursión!
Otros, en vez de intentar convencer, quieren que desviemos la atención del asunto en cuestión, incorporando mensajes ajenos como que los catalanes reniegan de todo aquello que huele a español. Quien utiliza este mensaje huye por peteneras de aquello tan simple y concreto que se conoce como “el cuit de la cuestión”; ¿De qué estamos hablando de nacionalidades o de las corridas de toros? Meter el discurso nacionalista aquí es como querer ganar un combate de boxeo nombrando, de mala manera, a la madre del adversario. Por ello, con la venia del respetable, hablaré de toros, de la rotura de la nación lo haré otro día, quizá cuando me importe.
Hablando de toros:
Genéticamente el sistema nervioso de un mamífero que se llame vaca, es idéntico al de un mamífero que se llame hombre, gato, ballena, león o perrito de la pradera. Dicho de otra forma: cuando al gato metía la cola en el brasero - o como decimos en Gerena, en la copa- esté chillaba, aullaba y corría. Nosotros por el olor sabíamos que el minino se había quemado el rabo, pero el chamuscado se enteraba, no por el olor, sino por el DOLOR.
Lo que voy a hacer ahora, como sabrá gran parte del respetable, se llama silogismo, bueno digamos que un silogismo particular:
“Un toro y un gato son mamíferos. Si a un gato se le pisa el rabo chilla. Por lo tanto a un toro no le hace gracia que le claven pinchos en el lomo."
Por mucho arte, ensueño e inspiración, el toreo a pie y el rejoneo son de la misma escuela que las peleas de pitbulls, de gallos, o la de los esclavos gladiadores que, por cojones, luchaban a muerte en la despiadada Roma. Diversión y dolor confundidos y obligados. Distinto sería que el Toro disfrutara con esa muerte, pero miren ustedes, no creo que exista un toro al que le vaya el sado.
El dolor sólo es justificable para causar un bien que lo repare. Causar dolor por diversión es de cobardes, maliciosos, criminales, ignorantes, desaprensivos... Aplaudir el dolor es de cínicos.
El aprovechamiento de la dehesa no lo justifica, los miles de millones de ingresos tampoco, la supervivencia de la raza menos aun. Sería admitir que el ser humano puede ser cruel con determinadas especies. Yo creo que esto ataca profundamente al Hombre, y que deberíamos avergonzarnos por asumir que en ciertos momentos la tortura forma parte de nuestra cotidianidad, que no pasa nada, que nuestras conciencias son un trapo impermeable a la sangre de estos animales.
No quiero dar ideas pero ¿Podríamos imaginar la suerte de banderillas sobre un perro, o la de espadas sobre un gato? ¿Podríamos soportar la visión del alguacil luego cortándole las orejas y el rabo al felino y más tarde al torero, orgulloso, pasear sus trofeos amarillos en las manos?
Los tiempos cambian y aquel malvado invento de matanzas, arena y gladiadores está a un paso de pasar a la Historia. Cada generación ve menos corridas de toros que la anterior, dudo que mis hijos vayan a una sola. Estadísticamente esto se acaba. No es entendible que una sociedad que avanza siga encontrando divertido, por ejemplo, ver a un matarife montado a caballo clavando pinchos a un animal vivo.
A los defensores de las corridas de toros quiero decirles que ciertas cosas, como las crueldades con los animales o los celibatos, mas temprano que tarde, serán cosas de raros.
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